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La Reforma Electoral de AMLO: Una manzana envenenada

Por: Israel Navarro

¡Híjole! ¿A quién no le gustaría tener una democracia más eficiente y que nos cueste menos? Bajo esta idea el presidente López Obrador está vendiendo su propuesta de reforma electoral, que no es otra cosa mas que una manzana envenenada, al puro estilo del cuento de Blancanieves. Y ahí les va el por qué en tres exhibiciones.

Primera, el presidente no impulsaría una reforma que limite su poder. Por el contrario, en el fondo se trata de reducir los contrapesos que le significan un obstáculo. Por ejemplo, el INE y los consejeros que le hacen respetar la ley. ¿Cuál es el remedio según el presidente? Desaparecer al INE y a los Organismos Públicos Locales Electorales y crear un organismo llamado el Instituto Nacional del Elecciones y Consultas (INEC).

Pero de nada sirve tener un gran centralizador de los procesos electorales si no se tiene control sobre él. Por ello, pretende que los consejeros de este órgano sean propuestos por el Poder Ejecutivo (o sea él), el Poder Legislativo (donde MORENA tiene mayoría) y el Poder Judicial (donde tiene influencia), y que lista de candidatos se someta a una elección (en la que él podría movilizar a su base en torno a los candidatos de su agrado).

Segundo, reducir el financiamiento público y el tiempo aire de publicidad a los partidos, lo cual se oye súper. Nada más que si al partido en el poder le quitan recursos y tiempo aire, no importa porque se tienen las campañas de difusión de logros del gobierno, además de una red de 27 millones de beneficiarios de programas sociales. Ergo, esta medida le pega a MORENA, pero le pega mucho más a los partidos de la oposición.

Tercero, reducir de 500 a 300 los diputados federales y de 128 a 96 los senadores. Tentador. Pero, la reforma eliminaría el sistema de distritos y circunscripciones electorales, y se integrarían listas de candidatos por cada estado. La distribución de diputados y senadores se determinaría haciendo un cruce de la densidad poblacional y los votos obtenidos por cada partido. Es decir, técnicamente haría plurinominales a todos los diputados y senadores, pero sin el lado positivo de la representación proporcional, que es asegurar los espacios de las minorías. Esto favorecería al partido mayoritario y la primera minoría, mientras que a los demás partidos les tocaría bailar con la más fea.

Es altamente probable que esta reforma no pase, al igual que la Reforma Eléctrica, pero a AMLO no le importa porque usará esa negativa de la oposición para fortalecer su narrativa y juntar municiones para la elección del 2024. Así como les llamó “traidores a la patria” por defender a compañías extranjeras, los acusará de bloquear la austeridad y la democracia eficiente. Presumirá como un logro el haberse enfrentado, sin éxito, a una oposición que no quiere que las cosas cambien. Al tiempo.

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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