Netflix y Amazon quieren que dejes de ir al cine

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Lo que empezó como un negocio de alquiler de DVD por correo se ha convertido en todo un emporio capaz de llevar adelante un cambio de paradigma en la forma que el mundo consume películas y series. Netflix se prepara para una guerra contra las cadenas de televisión y los cines de todo el mundo.

No están solos, las producciones originales de Amazon y en menor medida de Hulu, están deshaciendo año tras año las normas más arraigadas en la sociedad: las películas se estrenan en el cine y las series se emiten en trocitos. Poco a poco, y a medida que aumentan los suscriptores a estos servicios, la sociedad va desconectándose de las viejas tradiciones.

Todo comenzó con House of Cards, la adaptación de una serie británica que pasaba a narrar las vicisitudes de Washington en vez de Westminster. Trece episodios que aparecían de golpe para que sus usuarios consumieran como quisieran sin tener que esperar semanas, repeticiones o semanas donde no se emitían episodios por alguna emisión deportiva. Todo había cambiado para siempre.

A las casi 120 películas, especiales de comedia y temporadas de series creados por Netflix, se suman los 40 de Amazon. Cada año estos dos gigantes producen más horas de contenido propio y exclusivo. Es simplemente mejor negocio arriesgarse y producir contenido que solo está dentro de tu plataforma, consiguiendo mantener suscriptores cautivos, que tener un catálogo de películas genérico idéntico al de tus competidores.

Este año, Netflix anunció que produciría 1.000 horas de contenido propio. Considerando que cada español ve 4 horas de televisión al día de media, unas 1.500 al año, las cifras empiezan a cuadrar. Una ardilla podía cruzar España saltando de árbol en árbol, y un español podría estar todo el año viendo series y películas nuevas de Netflix y Amazon sin poner ni un minuto la televisión tradicional, incluyendo telediarios y concursos.

Amazon y Netflix, entre otros, luchan también en los despachos. En los grandes festivales de cine independiente, sus abogados y ejecutivos se reúnen de forma frenética con directores jóvenes y veteranos para conseguir los derechos de distribución exclusivos. También colaboran con los grandes estudios de Hollywood, Bollywood y Europa para producir largometrajes que tradicionalmente habrían acabado en el cine.

Fuentes de estos acuerdos surgen películas como Manchester By The Sea, ganadora de dos premios Oscar y nominada a otros cuatro. Amazon compró los derechos de distribución por tan solo diez millones de dólares y ha recaudado más de 60 millones en cines.

Al contrario que Netflix, Amazon permite a las películas estrenarse en cine con antelación antes de llegar su servicio, de momento. Netflix se inició en el campo de los largometrajes con Beasts of no Nation, que estrenó de forma simultánea en cines y en su plataforma de vídeo bajo demanda. El resultado fue alabado por la crítica pero rechazado por “la industria”, que sigue con recelo que estas plataformas usurpen posibles visitantes a los cines físicos.

Ahora llegan varias películas a Netflix de forma exclusiva que no pasarán por los cines, con actores de primera división: “Bright” con Will Smith o “War Machine” con Brad Pitt y Tilda Swinton, que repite con Jack Gyllenhaal en “Ojka”). La compañía con sede en Los Gatos, California, ha desembolsado 90 millones de dólares por Bright, su presupuesto más alto hasta la fecha.

Los cines seguirán siendo una oferta premium, para gente que quiera experimentar las cosas de forma distinta a su salón. Mientras tanto, poco a poco, el mundo cambia y empieza a negarse a ver 20 minutos de anuncios y tráilers antes de una película por la que han pagado ya.

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