Ya es Hora de Mover a Franco de sus “Siestas” Patrias

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¡Viva Franco! ¡Viva Miguel Hidalgo! ¡Arriba España! ¡Viva México! Que tenue es la línea que divide las celebraciones de las fiestas patrias y la exhortación por los nacionalismos. Nacionalismos que enarbolan la libertad de “nosotros”, justificando las barbaridades contra “los contrarios”. A propósito del mes patrio ¿qué celebramos? Que nuestro país es una enorme fosa de cuerpos desaparecidos o quizás, que seguimos siendo de los pocos afortunados a los que tal realidad, no nos ha alcanzado… Aún… Mantener la Memoria Histórica, ¿servirá de algo más que para organizar festivales en los colegios y contar con pretextos para comer garnachas, brindar por “la patria” y quemar cohetes? Además de glorificar el pasado, ¿es necesaria para transitar hacia el presente? En México, en época de transición política, cada vez escuchamos más frecuentemente términos como “reconciliación”, “memoria histórica”, “justicia transicional”, “comisión de la verdad” o “amnistía”.

Para comprenderlo mejor, podríamos tomar distancia de la realidad nacional y asomarnos a lo sucedido en España la semana pasada. El Congreso español, aprobó a través de una ley llamada “Real Decreto” la exhumación del dictador Francisco Franco cuyos restos se encuentran enterrados en un magno mausoleo llamado El Valle de los Caídos. Un mausoleo que él mismo mandó construir con el trabajo forzado e inhumano de los presos republicanos, muriendo, varios de ellos, bajo condiciones de explotación. La decisión del Congreso significa la determinación de sacar sus restos de ese lugar donde se hace “honor” a un dictador que entre sus “méritos” cuenta con miles de personas desaparecidas, torturadas, encarceladas, fusiladas tras “jucios sumarísimos”, etc. Mediante el Real Decreto, se estableció entregarle los restos a su familia y que ella se haga cargo de la sepultura del señor. Como se haría con cualquier cristiano. Independientemente de que el Partido Popular (PP) impugne esta decisión ante el Tribunal Constitucional, con este hecho se revierte un tratamiento de “héroe nacional” brindado a un dictador.

La importancia de la decisión del Congreso español radica en que es parte de los resultados de un largo proceso de reconciliación que se ha luchado por hacer, desde hace muchos años. El cual tiene el fin de deconstruir y reconstruir a la sociedad española y a sus instituciones, tras las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil Española. Es decir, no sólo se trata de sacar los restos de Francisco Franco del mausoleo que le rinde honores; sino que se busca denunciar los crímenes de guerra, de lesa humanidad y de genocidio que cometió, así como visibilizar a todas aquellas víctimas de la guerra que después de haber sido exhumadas de fosas comunes, fueron llevadas ahí sin el consentimiento, ni la aprobación de nadie. Están ahí, enterradas junto al mismo hombre que las torturó y las mató; al igual que la fotografía en gran formato de Enrique Peña Nieto colgada en la recepción de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

En España, al igual que en México, también falta mucho por hacer, comenzando por sacar al resto de víctimas de la Guerra Civil Española que siguen enterradas en miles de cunetas a lo largo de todo su territorio; víctimas que deberían ser identificadas y devueltas a sus familiares. Ningún pueblo podrá alcanzar la justicia, la paz, la reconciliación, ni la concordia, mientras la impunidad siga presente. Las heridas abiertas de hace años de la Guerra Civil Española, necesitan cicatrizar. Urge un perdón que atraviese por la justicia. No impunidad, ni olvido.

En nuestro país, se está llevando a cabo un hecho inédito de cara a la reconciliación con el pasado. El futuro presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y colaboradores de su equipo de transición, se están reuniendo con los familiares y varios colectivos de víctimas y organizaciones, en el marco de los Foros para la Pacificación y Reconciliación Nacional. Mientras los resultados no se materialicen, se quedarán en un gran gesto de las futuras autoridades que, a diferencia de los gobiernos anteriores, buscan reconocer y escuchar a las víctimas de frente y ofrecer un perdón en nombre del Estado, una reconciliación y una reparación. Desde luego un buen primer paso. Pero ¿y qué sigue? ¿Hacia dónde vamos?

Podemos ver que se está avanzando en la búsqueda de una justicia transicional, como lo están intentando hacer en España y otros países, pero hace falta concretar acciones integrales. La democracia es enemiga de la simulación estatal. Ojalá logremos avanzar hacia una verdadera “reconciliación”, entendida como el proceso de reconstrucción de relaciones sociales e institucionales –y de la sociedad con las instituciones- que fueron dañadas durante décadas de violencia y conflicto. Sólo así se podrá garantizar que no se repitan esos hechos violentos. La reconciliación es una herramienta indispensable para alcanzar la paz.

Así como no pueden seguir existiendo monumentos dedicados a la exhaltación del nacismo, ni del fascismo, ni mauselos dedicados a alabar a dictadores, tampoco podría continuar el Gobierno mexicano negando la verdad de los miles de desaparecidos en nuestro país. De lo contrario México seguirá doliéndonos y ni espectáculos vergonzosos como el “Tupperweare Challenge”, o similares, a los que nos tienen acostumbrados, liberará de su responsabilidad al futuro gobierno electo.

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García sotelo.
Renata Demichelis Avila.
Concordia. Consultoría en Derechos Humanos @DH_Concordia

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