Votar a AMLO siendo fifí y no morir en el intento

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2018 lo terminé muda. Me quedé sin habla. “Es tu culpa”, me señalan al unísono. “Tú votaste por él.” En las reuniones navideñas y de fin de año, sobraron oportunidades para recordármelo, así que ahora me aguanto. Dentro de un contexto fifí ¿puede alguien votar por AMLO? Sí y si es tu caso, estás acabado/a. Prepárate para seguir siendo linchado todo el sexenio… ¿El sexenio? “Si esto será como Venezuela, AMLO se va a reelegir y ya verás hasta donde llegaremos y sabrá dios cuándo terminará esto, por gente como tú”.

Si te encuentras identificada/o con la realidad, aquí te damos un par de tips para sobrevivir a la 4T y no morir en el intento.

Primero, no caigas en provocaciones y te conviertas en un ferviente defensor de todas y cada una de las decisiones de AMLO. Reconoce que haber votado por él no implica que DEBAS estar de acuerdo y defender, irracionalmente, tanto algunas de sus promesas de campaña, como sus acciones presidenciales. La oposición se debe construir también desde quienes votamos por él. Aunque en tu contexto fifí constantemente te recriminen que “la cagaste”. Respira; recuerda que no estás sólo. Allá, lejos de tu residencia, hay 30 millones 113,483 personas que votaron por un cambio (aunque te distancie la seguridad de tu privada).

Segundo, resígnate. Te seguirán echando montón y no sabrás ni a cuál crítica responder primero. Y, aunque quisieras gritar ¡¡¡Olguita, ven a mí!!!, seguirás sólo. Así que te recomendamos dejarte llevar por el cálido ambiente familiar. Aprende a nadar de pechito y flota. No tires contra corriente a menos que te encuentres 100% seguro de que cuentas con pruebas documentales, testimoniales y peritajes irrefutables de lo que argumentas, de lo contrario, habrás perdido tu tiempo y seguramente tu paciencia también. Serénate. Vuelve a respirar. Calma tus chacras y, sí aún así te identificas con los mártires, expresa con serenidad y objetividad tu opinión. Te advertimos que en estos momentos de polarización social, somos poco capaces de razonar y empatizar con el adversario ideológico, aunque se trate de la tan querida tía que te cambió los pañales.

Fuera de broma y poniéndonos serias, para nosotras fue imposible votar por los candidatos alternativos. Ni los partidos, ni sus representantes, han demostrado ser capaces. La razón para no votar por ellos, fueron ellos mismos. Tenemos el país que tenemos por las administraciones que “nos han representado.” En nuestro país, los más de 30,000 desaparecidos y sus familiares, nos parecen un botón de muestra de la violenta realidad que padecemos. Lo son también las familias abandonadas entre las miles de fosas clandestinas sobre las que sobrevivimos. Los feminicidios, ni se diga. La tortura y las violaciones procesales que debemos enfrentar cuando tenemos la desgracia de encontrarnos ante “nuestras autoridades”, ya no sólo nos colmaron, sino que también nos parecen aterradoras. Por esto, por la toma de conciencia que nos genera la violencia contra quienes se encuentran en condición de vulnerabilidad, fue que votamos por quién lo hicimos. No se trató de “ingenuidad ante el cambio”. Sabemos que una sociedad no puede avanzar si se rezagan los que están al último de la fila y por siglos, los que han ocupado el poder en este país, no han querido entenderlo. La hiriente desigualdad social, ha sido en México un caldo de cultivo, donde se han cocinado atroces violaciones a derechos humanos con total impunidad y hasta normalidad. Diciéndolo con todas sus letras: no había opciones, así que votamos por el que consideramos atendería a las necesidades de los grupos en condición de vulnerabilidad, pudiendo reacomodar el orden social.

No obstante, hoy, ciertamente, estamos preocupadas. Al igual que los que nos linchan por nuestro voto, aunque muy posiblemente no por las mismas razones. Nos preocupan los medios que AMLO está tomando para conseguir “su fin”. ¿Qué fin?  No lo estamos entendiendo, como lo hacíamos antes, constatamos intranquilas algunas contradicciones.

Un ejemplo: coincidimos en el hartazgo y la necesidad de terminar con la opulencia y los excesos de algunos burócratas, pero no en suprimir derechos adquiridos. Detrás de los “anunciados recortes” hay miles de familias mexicanas que se están viendo afectadas y quedando sin trabajos, vulnerándoles sus derechos, de un día para otro.

Especialmente nos preocupa la militarización del país. La Guardia Nacional será más de lo mismo que ha sumido a este país en desapariciones, abusos, torturas, ejecuciones, etc. Escuchemos a los estudiosos nacionales e internacionales, que hasta el cansancio lo han advertido. Queremos confiar en que la apertura que el nuevo Gobierno ha mostrado hacia el diálogo, se verá reflejada en las audiencias públicas en el Senado, que se llevarán a cabo esta semana.

No podemos decir “mea culpa”, porque los otros nos tienen donde nos tienen, pero por favor señor Presidente escuche no sólo al pueblo, lo cual le reconocemos, sino también a los especialistas nacionales e internacionales, aunque no sean de su partido. Hágalo señor Presidente, de lo contrario, las próximas uvas sin duda se nos atragantarán, dejándonos mudas ante la imposibilidad de defendernos.

DESCIFRANDO DERECHOS.
CONCORDIA. Consultoría en Derechos Humanos
@DH_Concordia

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