Al paso que vamos, ni México, ni ningún otro país, alcanzará la igualdad de género por lo menos hasta el año 2030. Estos “datos” nos impactan de forma muy distinta a hombres y mujeres. Hace unos meses, comiendo con un amigo, recibió en su cuenta de Instragram un juego de lotería que contenía 9 situaciones de violencia contra la mujer. Al mostrármela, me preguntó: “¿te ha pasado ALGUNA de éstas?” Al ver el celular le respondí: “mejor te digo cuál de esas NO me ha pasado: sólo le señalé una.” Su cara de sorpresa me llevó a narrarle algunas de esas experiencias. Entre ellas le conté como una mañana cualquiera, caminando por una “calle segura” se acercó a mí un señor y pegando su cuerpo contra el mío me dijo: “te quiero coger”. “Como esas, te puedo contar varias.” Y seguí. Recordé que desde secundaria, en el supuesto “entorno seguro de mi escuela”, un maestro me acosó a los 14 años. En la Universidad, me harté de escuchar a “prestigiados abogados” exhortándonos a las alumnas a estudiar pedagogía. Aseguraban que “esa sí era una carrera para mujeres.”

La desigualdad de género y la violencia contra las mujeres, no es un fenómeno particularmente mexicano. El informe “Objetivo perdido: cambiando creencias y compartimientos para lograr la igualdad de género” evidenció que la desigualdad, la violencia y los estereotipos que lastran a mujeres y niñas no solo están presentes en los 56 países en vías de desarrollo en los que trabaja la organización “Plan Internacional”, responsable del citado estudio, sino también es propio de países desarrollados que cuentan con leyes de igualdad de género. Por poner un ejemplo: Alemania. En este país, uno de cada tres hombres (32%) considera “justificable” que un hombre golpee a su pareja bajo ciertas circunstancias. El estudio arroja también los porcentajes de mujeres que han experimentado violencia física y/o sexual en Australia, Estados Unidos y Dinamarca, respectivamente las cifras correspondieron al 57%, 55% y al 50% respectivamente.

La realidad en México es que 6 de cada 10 mujeres hemos tenido experiencias similares. La violencia estructural que se vive en nuestro país y la falta de respuesta institucional, ocasionó que el movimiento internacional #MeToo surgido en 2017, resurgiera en nuestro país mediante el #MeTooMx e hiciera olas hace unas semanas. Reproduciéndose entre ámbitos específicos de activistas, deportistas, periodistas, artistas, políticos, escritores, etc. Twitter fue la plataforma a través de la cual muchas mujeres decidieron contar sus historias. Se produjeron los mismos resultados de siempre: la credibilidad de las mujeres fue mayoritariamente cuestionada. Una vez más, el anonimato fue criticado. Una vez más, se culpó a las mujeres por actos cometidos por hombres. Si bien, el descrédito hacia las mujeres, y al movimiento feminista resulta difícil de entender en un país donde la violencia mata 9 mujeres al día, según ONU Mujeres, lo cierto es que la evidencia internacional también alertó de que la brecha de género se ha ampliado por primera vez desde el año 2015 a la fecha, incluso retrocediendo en la actualidad.

Mucho hemos reflexionado al respecto. Mucho se ha evidenciado sobre lo difícil –por no decir imposible- y revictimizante que es intentar obtener justicia por las vías legales. Para quienes adoptan una rigurosa postura penalista, mucho se sabe, también, de lo difícil que es acreditar la violencia psicológica, económica, física o patrimonial, sobre todo cuando ésta última la ejerce tu pareja. Aún si logras que se acredite, es muy probable que el perpetrador no sea castigado. Tenemos una tasa de impunidad del 98.86%. Sin satanizar ni alabar el movimiento #MeTooMx y lo que esto ha generado, no pueden dejar de ponerse sobre la mesa, los siguientes puntos de cara al próximo e inminente oleaje del #MeTooMx, ante el anhelo de llegar a la orilla.

El anonimato. Las denuncias anónimas en Twitter son consecuencia del fracaso de los mecanismos legales. El anonimato protege. Protege tanto de futuras violencias, como de sus consecuencias.

Denuncias falsas. Según ONU Mujeres, en los países en donde han sido medidas las denuncias falsas, la cifra es menor al 3%. En ese sentido, Twitter logra lo que las instituciones no hacen: visibilizar la violencia, protegiendo la identidad de las víctimas.

Impacto del #MeToo en los hombres.  Ha sido desigual respecto del impacto sobre las mujeres, pues a ellas se les sigue colocando al centro de la responsabilidad de los ataques. El caso del suicidio de Vega Gil es un claro ejemplo. Si bien la decisión del músico es realmente lamentable, esta no tiene nada que ver ni con el anonimato de la denuncia ni con la propia denuncia. Los hombres deben reconocer su privilegio en esta sociedad patriarcal, eso sería un gran paso. Mostrar su solidaridad con las mujeres, otro más. Cuestionar la masculinidad tóxica, otro gran avance. Atreverse a transformar las dinámicas de poder, desde lo personal y hasta lo laboral, cambiarían la realidad.

Reconozcamos el gran fracaso como sociedad que conlleva el admitir al Objetivo de Desarrollo Sostenible de alcanzar la plena igualdad de género, como objetivo perdido.

 

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García Sotelo.
Renata Demichelis Ávila.
CONCORDIA. Consultoría en Derechos Humanos.

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