¿Qué sabrá sobre Educación Sexual la Arquidiócesis?

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Distantes realidades seguimos viviendo la población general y los políticos en México. La primera, preocupada en cómo sobrevivir ante los asuntos cotidianos. Los segundos, ensimismados en sus dimes y diretes y persiguiendo huesos. Los derechos humanos, no escapan a las “realidades paralelas”. Pregúntenselo “al derecho a la educación”, que así lo vivió la semana pasada. Cuántas familias, no hemos estado “con el alma en vilo”, por la entrada a la escuela de nuestros hijos e hijas. Desde el nivel preescolar hasta el universitario. Así apuramos el paso, y el bolsillo, entre la compra de materiales, libros y todo lo relacionado con los preparativos al nuevo ciclo escolar.

¿Y los dirigentes encargados de garantizar nuestro derecho a la educación? No sea usted mal pensado; ellos también estuvieron muy ocupados al respecto. En primer lugar, condenando o aplaudiendo, la “Segunda Temporada de la Resurrección de Nuestra Humilde Maestra Rural”, representada por la antítesis de esta noble profesión. Paralelamente, en “la cancha de Palacio Nacional”, se disputó una “especie de partido deportivo”, entre la pandilla de los políticos salientes, encabezados por Peña y su gabinete, alardeando en un último aliento furibundo, que: “su reforma educativa fue la mejor y debía prevalecer”. Al lado de ellos, el equipo entrante, quienes contestaban, en otro gesto igual de incomprensible para la sociedad, que: “tan pronto tomaran posesión, derogarían la mentada reforma educativa, para impulsar otra reforma educativa.” Mientras tanto, los realmente afectados: niños, niñas, adolescentes, sus familias y personal académico, atrapados en el centro de unos y otros. Algunas voces aisladas, se alzaron, para resaltar lo importante: ¿Qué pasará con las niñas, niños y adolescentes?

Ante esta coyuntura, no quisimos dejar de recordar al gobierno entrante, que parte trascendental de una educación integral, inclusiva y de calidad debe responder a lo previsto por el Artículo Tercero Constitucional. Esto quiere decir que la educación debe contribuir al desarrollo armónico de todas las facultades de las personas, respetando los derechos humanos. Esto se traduce en una educación que respete la libertad de pensamiento, de orientación, identidad y expresión sexual y de género. Que contribuya a la igualdad real entre hombres y mujeres, superando roles sociales convencionales. Sin limitarse exclusivamente a brindar conocimientos académicos, sino también dotando de herramientas para preparar seres humanos pro-sociales.

¿Tomará la oportunidad este nuevo gobierno, de ser representante de lo que realmente nos importa como sociedad? Pongamos un ejemplo. El mismo que la semana pasada se atrevió a colocar en medios, la Arquidiócesis, refiriéndose a la educación sexual, “al lanzar consejos a jóvenes y niños” previniéndolos sobre “los peligros de enviar fotografías con poca, o incluso, sin ropa, en las redes sociales.

¿Seguirán las nuevas generaciones recibiendo una educación de “clausura” y “represión” desactualizada de la realidad que les está tocando vivir? Señores y señoras, respiren. Una educación sexual para niñas, niños y adolescentes no incluye prácticas del Kamasutra. Implica que se les hable con la verdad objetiva, sobre los riesgos, las cifras y las implicaciones de sus actos sexuales. Que puedan reconocer la realidad por sus nombres, para que ellos y ellas, de forma inteligente y responsable, puedan tomar sus propias decisiones. Esto conlleva que las autoridades -familiares y estatales- nos actualicemos sobre la sexualidad en nuestros tiempos. Nos urge en este país que encabeza la lista de adolescentes embarazadas, actuar al respecto. Orientar a la infancia y la adolescencia, sobre los riesgos que implica el “sexting” que es la práctica de compartir imágenes, fotografías y mensajes con contenidos sexuales por teléfonos móviles, (a la que se refirió la semana pasada la Arquidiócesis) y no simplemente “asustarlos o condenarlos para que no lo hagan”, pues seguirán haciéndolo. Hace unos años, se “levantaba la falda a la niña en el recreo, o se bajaba el pantalón al compañero”, ahora se grava y se envían las imágenes. Estos hechos, no se borran fácilmente, pudiendo perdurar la burla y el estigma. ¿Están nuestros hijos e hijas preparados? ¿Y nosotros?

De poco vale limitarnos a echarnos las manos a la cabeza sobre los datos que evidencian que en la actualidad, los niños, niñas y adolescentes en nuestro país, -según demuestran diversos informes-, desde quinto y sexto de primaria (10, 11 y 12 años) están teniendo sus primeras relaciones sexuales. Seguramente no será fácil para ellos aprender a lidiar con su sexualidad tan jóvenes, junto a la tecnología al alcance de sus manos. Los niños y niñas son seres sexuados, no son seres asexuales ¿esto lo entendemos?

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de hacer algo por la educación en general y la educación sexual, en particular, de la infancia y la adolescencia. Ojalá se atrevan a hacerlo, aceptando las críticas que esto implicará. Lo expongan en los libros de texto. En las aulas. Con especialistas en la materia y sin prejuicios. ¿O seguirá La Arquidiócesis y la serie de la Virgen de Guadalupe brindando la educación sexual en México?

DESCIFRANDO DERECHOS

Gilda Ma. García Sotelo.

Renata Demichelis Avila.

Concordia. Consultoría en Derechos Humanos

@DH_CONCORDIA

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