Por: Nestor Solis

El mecanismo tradicional de representación se trata básicamente en electores escogiendo candidatos basados en promesas durante la campaña electoral. Promesas que representan señales para los votantes de cómo será el candidato ante la eventual victoria y gestión de gobierno.

Existen muchas teorías sobre la relación entre las promesas electorales y sus efectos en la decisión de voto, es posible que la orientación de su voto esté vinculada una identidad social con un partido, cierto reconocimiento, credibilidad y capacidad probable del candidato en cuestión. Es decir, votamos por el candidato o candidata que mas se acerque a nuestra posición.

En la última campaña electoral, todos los candidatos defendieron una reforma a la Constitución Política de Panamá. Cierto es también que no todos estuvieron de acuerdo en el mecanismo para reformarla e incluso si debía ser solo reformada o debía hacerse una nueva Constitución.

El asunto constitucional estuvo en todos los programas de gobierno como si se tratase de la fórmula perfecta para ganar la elección. Siete constituyentes por una sola silla. Por lo tanto, una vez tomara posesión el nuevo presidente, el debate constitucional sería inevitable. Y así ha sido. Solo que no ha sido el jardín de rosas que muchos pensaron.

En primer lugar, nunca existió un “clamor popular” por una reforma al Constitución. Las exigencias de una reforma vinieron de grupos de interés. Los interesados en acabar con la corrupción, los que no quieren que diputados se reelijan y otros, aunque en general, son parte del mismo grupo. Aupados por periodistas, medios de comunicación, “opinólogos”, y tuiteros furiosos con un sistema político fraccionado, en parte, por ellos mismos que exigen más de lo que la democracia puede dar.

Basar la reforma constitucional en un proyecto de interés o de intereses, y no en un proyecto común, denigra a la Constitución tanto como cualquiera que la viole.

En segundo lugar, la fragmentación política se percibe muy alta. Fragmentación en las bancadas, en la sociedad y en los partidos políticos; así como entre estos tres. Y podrá sonar como algo poco importante, incluso como una solución a los problemas de la sociedad por la poca valoración hacia los partidos políticos. Sin embargo, es todo lo contrario. La fragmentación del sistema, en sentido amplio, supone un obstáculo para afianzar la democracia y para la construcción de gobiernos capaces de afrontar los problemas que se presentan.

Tomando en cuenta que las elecciones fueron hace pocos meses y que los partidos políticos están en un momento de reestructuración interna; así mismo el nuevo gobierno con poco más de 100 días, apenas está en transición. Prácticamente trabajando con lo heredado del quinquenio anterior.

Son a mi parecer, dos factores importantes que dificultan (aún más) el momento para una reforma constitucional. Y no es que en otro momento fuera a ser fácil, pero en otro contexto y entorno la dinámica podría ser distinta. No necesariamente buena.

Utilizar la reforma constitucional como promesa de campaña política no parece haber sido una buena idea. No sin un plan de trabajo. Sin eso, la reforma constitucional es solo una promesa vacía.

De cualquier manera, es difícil saber si el 33.18% de votos del presidente fueron en base a esta promesa. Aunque la sospecha es que no. Sin embargo, la promesa se cumplió.

No importa qué pase (aunque sí importa), el presidente habrá cumplido su promesa de presentar “su” proyecto de reformas constitucionales. Y todo sin mover un dedo.

TW: @nestorsolisv

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