Por Israel Navarro

Juventud, divino tesoro. No, no es que quiera sonar más viejo, pero me llama la atención que hay una nueva tendencia en la política: una renovación generacional en algunos países que han elegido a jefes de estado o de gobierno Xennials, que es la generación intermedia entre los millenials y la Generación X.

Para muestra, algunos botones:

Finlandia tiene a la primera ministra más joven del mundo, Sanna Marin, de 34 años, quien designó a su vez a un gabinete de coalición integrado mayoritariamente por mujeres también jóvenes.

Emmanuel Macron tenía 39 años de edad cuando asumió la presidencia de Francia, lo cual generó altas expectativas de cambio entre su gente. Y aunque las crisis sociales que ha enfrentado, le han cobrado factura en aprobación, sigue siendo uno de los mandatarios jóvenes más reconocidos del mundo.

¿Qué me dicen del presidente tuitstar Nayib Bukele de 38 años de edad, que ha revolucionado la comunicación gubernamental a través de sus redes sociales desde donde despacha los asuntos de El Salvador?

Jacinda Ardern, la primera ministra de Nueva Zelandia es otro ejemplo de cambio profundo de generación política.  Con sus 37 años de edad cuando asumió el cargo, ha dado grandes lecciones de estadismo, por ejemplo, con la respuesta ante los atentados contra la comunidad musulmana de su país.

Iván Duque de Colombia, hoy tiene 43 años. Volodímir Zelensky de Ucrania 41 y su jefe de gobierno 35, Leo Varadkar de Irlanda 40, Carlos Alvarado de Costa Rica 40, Xavier Espot de Andorra 40 y así continua la lista. México no está en esta tendencia. El presidente tiene 66 años y el promedio de edad de su gabinete es de 58.

Antes la gente optaba por los políticos más experimentados por considerar la experiencia como un atributo indispensable para liderar. Conforme han pasado décadas en las que una clase política rancia se atrinchera en el poder y la calidad de vida se estanca o decrece, nace una oportunidad para que los jóvenes vendan su falta de experiencia como un activo, en lugar de ser considerada una debilidad.

La sangre que está refrescando al sistema político internacional creció escuchando a Pearl Jam, Oasis y los Backstreet Boys; y no son sólo esos jóvenes los que están liderando al mundo, sino los que tienen la capacidad de definir las elecciones a través de la movilización y su voto. Bien dicen que los jóvenes no son el futuro, sino el presente de cada nación, al menos donde hay apertura democrática y hay una generación motivada para cambiar al mundo de verdad.

Israel Navarro es estratega político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación estratégica. Twitter @navarroisrael.

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