Poder absoluto

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Por Alberto Isaac Mendoza Torres

La tentación de tener el poder absoluto no es un sueño que se cure con participación democrática. Existe sí o sí en cada uno de los políticos que luchan por el poder y lo obtienen. Todos los gobernantes en mayor o menor medida intentarán por las vías constitucionales o metaconstitucionales construirse el cerco que les blinde y les permita manejarse a su antojo. No dudo que alguno de ellos lo hará movido por que sienten que sus actos tienen un “llamado” más allá de los límites de sus personas y que deben cumplir con esta encomienda.

Incluso a Francisco Madero se le acusa de que su más grave error fue creerse el juego de la democracia cuando apenas México iniciaba su proceso revolucionario. Una de las críticas que se le hacen a su gestión y que a la postre le llevaría a perder la vida a manos de las propias fuerzas castrenses que deberían cuidarlo, fue que tras el triunfo de su movimiento no licenció a los generales que estaban al servicio de Porfirio Díaz. Este habría permitido que las traiciones afloraran y la decena trágica tuviera lugar en nuestro país. Curiosamente Madero era un místico, un amante de la nigromancia que muchas decisiones como persona y sobre todo para el caso que hoy nos ocupa como político, las tomaba con base en lo que las fuerzas sobrenaturales le mostraban como lo correcto. Por eso quizá sea él el único gobernante que no haya caído en la tentación de controlar el poder absoluto, o si lo soñó no lo hizo a tiempo y no pudo cambiar el curso de la historia.

Los gobernadores a lo largo y ancho del país se convirtieron en la época del PRI y del PAN en auténticos caciques con patente de corso. Podían hacer y deshacer a su antojo. En una época del PRI, o mejor dicho de cierta manera de actuar del PRI, si los actos de los gobernadores no gustaban al presidente en turno los mandaba a renunciar para poner a personas allegadas a él, como si se tratara de alguna dependencia del gobierno federal. El presidente ponía y quitaba gobernadores a su antojo. Luego en los tiempos de la alternancia, cuando convivieron gobernantes de distintos partidos, los negocios y los moches marcaron las relaciones institucionales, que fueron la vía para poder hacerse del poder absoluto.

Hoy que los vientos de la esperanza recorren el país, y que existe la firme creencia entre un amplio sector de la población de que las cosas habrán de cambiar en consecuencia de un “decreto” del pensamiento. Existe la duda sobre lo que ocurrirá con los gobernadores que han hecho y deshecho a su antojo.

En Sonora recientemente los diputados afines a la gobernadora priista Claudia Pavlovich Arellano, aprobaron en lo oscurito el llamado “veto ejecutivo”, por medio de la cual se le acotan las responsabilidades al poder legislativo en materia de fiscalización de recursos para el ejecutivo, y entre otras cosas también se le quita la facultad de nombrar a los encargados de los organismos autónomos. La priista toma esta medida antes de que el Congreso con el cual tenga que convivir sea de mayoría morenista.

Este es el caso más reciente, sin embargo, hay otros ejemplos de lo que ocurre en los estados. Por ejemplo, en Nuevo León Jaime Rodríguez tiene acusaciones de usar recursos estatales para participar como candidato independiente en los pasados comicios. En Puebla el clan de los Moreno Valle está acusado de nexos con el robo y comercialización de combustible robado, y van por un sexenio más en el poder. En el Estado de México Alfredo del Mazo impulsó un intento de quitar diputados a Morena, para seguir con el control del Congreso del Estado y se anticipó un paquete de deuda.

Total, que esa es la realidad de los gobiernos locales en el país. ¿Cuál va a ser la nueva dinámica?, ¿serán llamados a cuentas por el ejecutivo, por el legislativo o por el judicial de la Federación?, ¿se les dejará seguir haciendo y deshaciendo?, ¿o la nueva superestructura de delegados únicos lo controlará todo?

Parece que el asunto no se resuelve fácil y que los primeros visos de solución no lo son tanto. O mejor dicho, no son respuestas, sino nuevas dudas sobre quién tendrá hoy el poder absoluto.

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