Miedo y elecciones

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Por: Alberto Isaac Mendoza Torres
Psicoanalista

Thomas Hobbes es un filósofo inglés, considerado como oscuro. Se llegó a relacionar con René Descartes y Galileo Galilei. Bueno el tiene una frase, que a mi gusto conceptualiza su pensamiento filosófico y político. “Cuando mi madre parió -dijo alguna vez- parió gemelos, al miedo y a mí”.

Hobbes se preguntó cómo es que los hombres podríamos convivir, sin estar en guerra constante unos contra otros, movidos precisamente por el miedo que sentimos unos hacia otros. A los humanos nos mueve el miedo. Y cuando digo que nos mueve también me refiero a la parálisis, digamos que es un movimiento en negativo, no porque paralizarse sea malo, sino porque es la contraparte, el negativo como en foto, del movimiento que nos impulsaría a ponernos a salvo.

Este miedo que tenemos unos hacia otros -ya lo habíamos hablado en este espacio de manera reciente cuando nos referíamos a la imposibilidad de la empatía- debe ser renunciable, para que podamos coexistir en sociedad. Y se renuncia en favor de un ente más grande. El poder absoluto, que nos infunde temor, para vendernos la ilusión de la seguridad.

Esta es la manera en que los humanos renunciamos a nuestro miedo, para que el Estado maneje nuestro miedo. Así ha sido el hombre moderno. Así es como lo pensaba Hobees hacia finales del siglo 17. Y sigue operando en la actualidad.

Aunque tengamos lo que creemos es un sistema democrático, en donde los ciudadanos dicen que votan libremente. En realidad, no lo hacemos. No hay un voto libre, y muchos menos razonado, como muchos promulgan e ilusamente creen. Lo que hay es un voto de miedo. Tal parece que se trata de quién es más capaz de influir miedo entre la población que llama votante, volverla masa, y hacer que ese miedo y esas ganas de defenderse ante las amenazas, se conviertan en votos para ellos.

Eso es lo que estamos viviendo. Los de un partido dicen que si no votas por ellos perderás hospitales, educación, desayunos. Los de otro partido dicen que si no votas por ellos no estás en la modernidad, estás sujeto al pasado. Y otro partido más dice que si no votas por ellos estás del lado de la mafia. Discursivamente digamos que esos son las líneas de miedo que más claras se han manifestado. Pero hay otras más, sin duda alguna.

Recordemos un poco la elección de 2006, aunque para muchos de nosotros esto sea el pasado reciente, para todos los que van a votar por primera vez, esto no tiene mucho sentido. Ellos y ellas estaban aún jugando en los patios del kínder cuando López Obrador se presentaba a las elecciones. En aquel proceso parecía el favorito de lo que llaman electorado. Los encuestólogos aseguraban que para que perdiera algo realmente extraordinario tendría que pasar. Y pasó.

Independientemente de las cuestiones técnicas que hicieron que esa elección fuera un fracaso para Obrador, hay un factor que sí o sí influyó para que la posibilidad de triunfo para Felipe Calderón se cristalizara. El miedo hizo lo propio.

Aunque miles o quizá millones de electores quisieran votar por el entonces candidato de la izquierda -hoy ya no está tanto en la izquierda como en la derecha- movidos por la idea racional del cambio, sintieron temor de perder su bienestar. Porque para bien o para mal la economía mexicana y mundial en ese año hablaba de estabilidad. El slogan de que: “López Obrador es un peligro para la nación”, de verdad que funcionó.

Ahora el miedo sigue estando presente. Los partidos siguen jugando influir temor en la elección. Incluida desde luego la alianza de Derecha e Izquierda que postula a Obrador. Están haciendo muy bien su papel los llamados chairos. Es imposible disentir de su candidato, so riesgo de ser atacado con virulencia hasta la ignominia y ser calificado de vendido al sistema. Hay que alienarse. Así sin pensar. Hay que estar con la masa, porque de no hacerlo estarás del lado equivocado de la historia. ¿Y quién no quiere estar a la moda?, ¿quién se atreve a ser hereje?

Los otros candidatos y sus coaliciones que se quieren ver propositivos también manejan el miedo.
Pero con muy malos resultados. Intentan atacar a su oponente con los mismos temores de hace 12 años. Y ya no funcionan. Lo que no saben es que sí hay un miedo peor que tenemos todos los humanos, y no es el de perder lo que real o imaginariamente tenemos.

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