Los hombres de “nuestra época” frente al #MeToo

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Hoy cumple un año el Movimiento #MeToo. Recordamos su aniversario con una historia autobiográfica de una de nosotras. Con casi doce años de edad, mi hijo me soltó: “Ma, pobres de los hombres de tu época”. Ya me tiene acostumbrada a este tipo de comentarios, así que sólo le pregunté: ¿a qué te refieres “exactamente, cariño”? Su respuesta: “Si mamá, no saben ni qué onda con ustedes. Con el feminismo, tienen a todos los señores confundidos. Por eso no saben ni cómo portarse. A nosotros ya no nos va a pasar igual.” Sin entender si lo que  la criatura acababa decir, era un cumplido, o no, quisiéramos creer que lleva razón en confiar que pronto, hombres y mujeres nacerán con las mismas oportunidades de vida. Pero nos parece que como todo niño, fue demasiado optimista. Aún nos falta mucho. Vivian Gornick, ensayista, crítica literaria y periodista feminista norteamericana, considera que “el #MeToo es el reflejo actual de una lucha, la de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres, que en los últimos tiempos se ha avivado fuertemente. Se ha convertido en la revolución más larga de la historia. Ni nuestra generación, ni los jóvenes de hoy, vamos a ver nunca el final de esta lucha”, concluye Gornick.

No sabemos el tiempo a quién dará la razón. Lo que sí sabemos es que el presente comienza a entenderse, o a no entenderse, mejor dicho, bajo convulsiones sociales que buscan la igualdad y rechazan la violencia de género. Una larva impregnada de raíz en todo nuestro mundo. Mucho más difícil de identificar cuando no “deja cicatrices físicas”, sin ser entonces percibida como violencia. No siempre somos conscientes de la misma. Ni de la gravedad que implica. Algunos ejemplos: Paralelamente a la suspensión provisional por pérdida de confianza de la Academia Sueca que otorga el premio Nobel de Literatura de 2018, con 230 años de antigüedad, por primera vez en su historia se ha suspendido este año el Nobel de Literatura, por un escándalo y acusaciones de uno de sus miembros por acoso y violación dentro de la propia Academia. Sin embargo, “irónicamente”, el Prembio Nobel de la Paz, lo acaban de ganar, este año también, dos personas por su lucha precisamente en contra de la violencia conta las mujeres: la iraquí Nadia Murad y el médico congoleño Denis Murkwege.

Las denuncias contra la violencia machista han rebasado por mucho su ámbito de orígen, el de los abusos en el mundo de Hollywood, iniciado en contra de Harvey Weinstein. Ahora retumban a lo largo del planeta. La Manada en España, la Marea Verde en Argentina. Las manifestaciones contra los movimientos fascistas y de ultra derecha, acrecentada por personajes como Trump, quién por cierto, hizo alarde de su ignorancia ante la acusación de la Dra. Christine Blasey Ford contra el juez, Kavanaugh, o Jair Bolsonaro, quienes justifican la “naturalidad” de los privilegios, como “el estado natural de las cosas.” Y ese es justo el reto. Detectar que desde lo más sútil, lo que no somos incluso conscientes, se construye la violencia de género.

Cerramos con otro ejemplo de la infancia. En México, cuando íbamos a la escuela, años atrás, las niñas jugábamos en los recreos en los espacios del patio donde los balones de los niños que practicaban futbol, no nos caían encima o nos rebotaban más suavemente. Desde pequeñas, los espacios físicos para disfrutar de nuestro derecho más preciado en ese entonces, (el juego, no el estudio, claro) estaba limitado a los márgenes. El centro, el más amplio, era la cancha de futbol. Las niñas “nos acomodábamos” en el espacio en el cual “no afectábamos” a los niños. Muchas de nosotras protestábamos por los balonazos que nos caían encima y las maestras (generalmente mujeres) nos gritaban: “Fulanita, muevete más a la orilla.” “¿Más?” Tan sólo es un ejemplo de esos privilegios del orden “invisible” que se construye socialmente desde la infancia y que ni siquiera cuestionamos.

Hoy el recreo en la escuela de muchos niños y niñas ya no es igual que el nuestro. La cancha se divide en dos partes iguales. Una para jugar con balones, ahora incluyendo a niñas que también disfrutan del futbol y la otra mitad, para jugar sin lastimar a nadie con balonazos. Las niñas han ido reclamando su espacio. “Ese” que para algunos “no era ni siquiera considerado”, para muchas, si era necesario. Por la detonación de muchos más sueños feministas y no más abusos, feliz primer aniversario, #MeToo.

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García Sotelo.
Renata Demichelis Avila.
CONCORDIA. Consultoría en Derechos Humanos @DH_Concordia

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