Por lsrael Navarro

Donald Trump, es fanático del golf. Lo sabemos. Y también se sabe que, entre swings y trampas de arena, autorizó el asesinato, del General Qassem Soleimaní, considerado el segundo mandamás de Irán.

Si esta decisión de Trump fue informada, ponderada y apropiadamente asesorada o si fue un movimiento impulsivo, como acostumbra, ya no importa. Ahora compete analizar las consecuencias que traerá para el mundo, más allá de los interminables memes que hablan de una tercera guerra mundial. Aquí van algunas consideraciones:

Primero, toda crisis tiene un beneficiario mayor. En este caso, el mismo Trump, quien en lo comunicacional ha ganado una bandera de unidad nacional que le subirá la aprobación; en lo mediático ha desviado la atención del proceso de enjuiciamiento político; y en lo electoral le va a endurecer el voto.

Segundo. A toda acción corresponde una reacción. Irán no se va a quedar cruzado de brazos. La ofensa ha sido grande. Si bien, ha prometido venganza, no sabemos qué hará. Pero por el momento, han anunciado que renuncian a los límites nucleares adoptados en el 2015. O sea, que van a construir armas nucleares abiertamente y sin pudor alguno.

Tercero. A Irak, el país vecino donde mataron a Soleimaní, no le gustó nadita que los americanos quemaran pólvora en su casa. Por lo tanto, el parlamento iraquí aprobó expulsar a los militares estadounidenses en su territorio, lo cual merma la influencia americana en la región.

Cuarto, el General Soleimaní no era una perita en dulce, se sabe que era un gran operador militar en la región y se le atribuye la muerte de cientos de estadounidenses, pero una medida tan radical por parte de Estados Unidos eleva el costo de su seguridad nacional y del aparto de inteligencia.

Quinto, a río revuelto ganancia de pescadores. Con la expectativa de una nueva intervención militar, las empresas de defensa y tecnología bélica hacen su agosto. Las acciones de varias de ellas subieron al menos 5% tan sólo con el anuncio del conflicto. Y no olvidemos que el petróleo también subió, lo cual beneficia a los países productores.

Sexto, la historia es cíclica. Pareciera que cada presidente estadounidense necesita una guerra para tener un legado o facilitarse la campaña de reelección. Bush padre y la Guerra del Golfo Pérsico, Bush hijo e Irak, Obama y Afganistán; y ahora Irán.

Y séptimo, en una crisis a alguien siempre le toca bailar con la más fea. Y ahí se enlistan las bajas militares y civiles que habría en caso de un conflicto armado, los 52 sitios culturales que Trump anunció como rehenes si hubiera una retaliación por parte de Irán, los consumidores que pagaran gasolinas más caras, y quienes vivirán el retroceso en la estabilidad de Medio Oriente.

Y esto a penas comienza. En los próximos días veremos la evolución de las consecuencias de la decisión de un hombre que es capaz de quemar el planeta mientras juega al golf.

Israel Navarro es estratega político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here