La UNAM escenario de resistencia entre “los pares”

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A mi padre.

Todas y todos tenemos “nuestros pares.” Cómplices de vida. Personificados bajo distintas formas de amistad o diversas relaciones y denominaciones. Construidas entre quienes nos une un lazo mucho muy fuerte, seguro mayor del que generalmente se mantiene por sangre. Hermanas y hermanos del alma. Sin duda los mejores pares, son aquéllos, que comparten además de un inmenso amor, e ideología, también, los compromisos sociales. Aquéllos que pasan a la acción y que avanzan tan de prisa, que el resto, nos quedamos viéndolos, alejarse juntos.

Desde pequeña, fui testigo de uno de esos pares. Temían que pudiera “aprenderles” algo, así que  tras determinadas copas, nos pedían a los niños irnos a jugar, dejando a los adultos departir. Logré verlos jugar ajedrez por horas. Los escuchaba mientras uno de ellos tocaba magistralmente el piano y el otro, no perdía oportunidad para provocarlo acosándolo con cuestionamientos filosóficos. Un par prodigioso y genial. A lo largo de su vida intercambiaron revoluciones. Alternaban facetas de “profesor – alumno”, según discutieran de política criminal o profundizaran sobre corrientes literarias. Ambos, luchadores sociales desde el tuétano. Imposible permanecer neutrales ante su presencia. Los odiabas, les temías, los amabas, o todo un poco. El primero y más querido de ese par, es mi padre. El hombre más estudioso que conozco, a quién el ansia por el conocimiento, ha robado frecuentemente el sueño. El segundo de aquéllos gigantes, un artista en toda la extensión de la palabra. Un sabio. Un vividor irreverente. No se crean, probablemente el primero sería igual de transgresor, pero sabía guardar mejor las formas. Para el segundo era imposible disimular. Ambos se encontraron desde jóvenes.

Ese par libró varias batallas. Los responsabilizo de contribuir a mi rebeldía y a la de muchas y muchos jóvenes que hoy se manifiestan. Salvaron –o condenaron, según como se mire- a más de uno. Desde luego eran de izquierdas. Para el primero, sus clases de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y su despacho, eran sus trincheras. Para el segundo, sus composiciones artísticas y sin duda el Partido Comunista, proscrito en ese entonces, eran las propias.

¿Qué nos hace unirnos a unos y no a otros seres humanos? ¿Cómo es que inevitablemente nos reconocemos? ¿Qué nos hace quedarnos ahí, cuando todos los demás se han ido? Permaneciendo sólo entre ellos mismos; sin abandonarse. La semana pasada de manifestaciones sociales, fue crucial para este par que aquí les narro y para muchos otros luchadores también.

Acabamos de ser testigos del par que aparece en la fotografía que pueden ver líneas arriba. La chica vestida de negro y gris con estoperoles (N.), protegiendo a su par (J.) quien es golpeado por los porros, mientras se manifestaban ambos pacíficamente como estudiantes del CCH Azcapotzalco, pidiendo demandas legítimas, al frente de la Torre de Rectoría de la UNAM. La mujer que decidió quedarse ahí e interponerse entre los agresores y su par, probablemente le salvó la vida. En ese espacio universitario que es escenario de la lucha histórica por alcanzar lo que hoy sabemos son derechos humanos. Los pares que hoy pueden manifestarse, no sin correr riesgos, -marcando sus datos personales en el brazo, por si son desaparecidos- “lo pueden hacer” gracias a los pares que hace años los precedieron en su lucha. Los pares de antes levantaban la voz, por ejemplo, contra “los asesinatos de mujeres”. Los pares que se manifiestan hoy, ya le llaman por su nombre: “basta de feminicidos”. Así han ido abriendo caminos, que siguen sin ser seguros. El jurista del par que les narraba, incentivaba durante sus clases, en tiempos de censura, la discusión frontal, crítica, incluso retadora, contra las autoridades. Libertad de cátedra, cuando entonces, no era común brindarla. Enseñando sobre las bases de la libertad de expresión y pensamiento. Haciéndonos libres, más de lo que seguramente habría imaginado.

¿Qué es lo que nos distingue como seres humanos? Por ejemplo, ¿qué llevó a la estudiante de la UNAM a proteger a otro ser humano, -encarnando la solidaridad, la dignidad, la fuerza, el cariño y la rabia-, diferenciándola de la deshumanización de otros, -como algunos de los guardias de seguridad de la UNAM-, que no hicieron por mover ni un dedo para ayudar a nadie al momento de las agresiones físicas?

La chica de la fotografía, tuvo suerte. Si bien su par se encuentra lesionado, sigue vivo. Seguirán acompañándose en esta y muchas otras batallas. Sin embargo, el sábado pasado la historia del par de luchadores sociales, se interrumpió. El maestro B., el artista, se adelantó hacia el infierno. Su par lo acompañó hasta el final; leyéndole a ratos y también cuidándolo en silencio. Así, hasta el último día. Mi padre seguirá unido a él por siempre. Jamás podría abandonarlo, dejaría de ser él mismo. Seguirá leyendo y preparándose como si a la mañana siguiente de cada día rindiera su examen doctoral, en compañía de su par. Sin el legado comprometido de estos hombres y mujeres que siempre han defendido causas sociales, abrazados entres pares, ¿qué esperanza nos quedaría?

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García Sotelo.
Concordia. Consultoría en Derechos Humanos @DH_Concordia

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