“La hora POMPA y los derechos de la infancia”

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Ya viene la celebración del día del niño –y la niña- en México. En nuestro país solemos festejar por todo, así que con más razón a los consentidos de la casa. Sólo como dato cultural, la celebración “del día del niño”, que se festeja en gran parte del mundo, aunque en fechas distintas, se remonta a los años posteriores a la Primera Guerra Mundial; cuando se destacó la necesidad de proteger “especialmente” a los niños y niñas, atrapados en medio de la guerra en Europa. Hoy por hoy, casi un siglo después, creemos que es fundamental recordar ese antecedente, pues el contexto de violencia e inseguridad que estamos viviendo en México, nos obliga a repensar en nuestras acciones para proteger a la infancia y adolescencia.

Los retos son muchos, pero hoy queremos poner uno de ellos sobre la mesa: el sentimiento de abandono que tienen nuestros hijos e hijas -y el impacto en su desarrollo-, al estar sus padres y madres cada vez más ausentes en su vida cotidiana. Creemos que una de las respuestas -porque hay muchas- se debe a que ante la actual situación de crisis, casi perpetua y progresiva, que se vive en nuestro país, pocas opciones nos quedan a la mayoría de los mexicanos y mexicanas, salvo algún ínfimo afortunado porcentaje, más que salir a trabajar para sustentar a nuestras familias. En consecuencia, sujetarnos a los horarios de oficina, que pocas horas nos dejan para estar pendientes y al cuidado del óptimo desarrollo de la infancia y adolescencia.

Y a todo esto, ¿cómo suelen ser las jornadas laborales en la Ciudad de México? ¡De muerte! Habrán respondido varios. Por lo general, se habla de jornadas de “teóricamente 8 horas” que suelen concretarse en muchas más. Con la “genial idea” aún presente en muchos lugares, de “dos horas para comer”. ¿Para qué necesitamos dos horas de comida si en esta caótica Ciudad, pocas veces podemos desplazarnos hasta nuestras casas a comer y volver al trabajo? ¿Por qué seguimos con la cultura de “la hora pompa”? ¿Por qué tenemos que asegurarnos de que “el jefe o la jefa de turno” nos vea en nuestro escritorio hasta que tenga a bien retirarse, aunque ya hayamos terminado nuestro trabajo, “haciendo tiempo” en las redes sociales? Esto es incompatible con la conciliación de la vida laboral y familiar. Esto nos afecta a todas y a todos, pero especialmente vulnera los derechos de los niños y las niñas a crecer en un entorno de cuidado, contando con el apoyo, compañía y guía de sus padres y madres, que para ser realistas, en México, generalmente se traduce en la madre mexicana, que desafortunadamente, bajo nuestra machista concepción social, aún delega “el cuidado de los hijos” casi siempre y exclusivamente a las mujeres.

Esto necesariamente nos hace pensar en otro tema en el cual no vamos a entrar a discusión: la doble jornada laboral de las mujeres mexicanas -desde las madrugadas en las oficinas y hasta la noche, en sus hogares-. Independientemente del hecho de que esta práctica cultural tiene que cambiar, ¿qué pasa entonces con los derechos de los niños, niñas y adolescentes cuyos padres y/o madres no están disponibles en sus actividades diarias?

Les invitamos a hacer un experimento. Avise en su lugar de trabajo, que en favor de la protección de los derechos de la infancia, usted acaba de enterarse que tiene derecho a llegar a su trabajo a las 8:00 am, es decir, en cuanto deje a sus hijos en la escuela y comenzar su jornada laboral una hora más temprano, que las clásicas 9:00 horas “anunciadas” en la mayoría de los horarios laborales. Enséñele a su jefe/jefa, su topper “al estilo Godínez” para que compruebe que comerá sin demora, a media jornada. Coméntele, que usted se abstendrá del tamalito y los pambazos, o la gordita de chicharrón y el pastel cumpleañero a media mañana, acompañado del cotidiano chismerío matutino, para seguir trabajando y lograr salir de su oficina, al menos dos tardes a la semana, a las 4:30 pm y poder estar usted a esa hora en casa con sus hijos, habiendo cumplido eficientemente su jornada laboral de ocho horas diarias y efectivas. Esto le permitirá a usted, querida lectora, -a usted no, distinguido lector macho trabajador- seguir trabajando desde su hogar, apoyando en las tareas y acompañando a sus hijas e hijos en su desarrollo. Todo esto, mientras esquiva todos los comentarios y miradas juzgadoras por no ser “buena madre” y buscar su desarrollo profesional.

No nos dejemos engañar por el tradicional discurso de que esos son “privilegios”, pues son derechos y deberían ser efectivos, no sólo de los padres y madres, sino especial y particularmente de los niños, niñas y adolescentes que no tienen la culpa de tener que crecer “como pueden”, acompañados de las tabletas electrónicas, la televisión y las “escuelas de tareas” como última opción para lograr sacarlos adelante. Pero no se preocupe, si su jefe/jefa, se mostró “reticente” ante nuestro experimento: tranquilícese que ya viene el fin de semana y tendrá dos días completos, para hacer la compra, limpiar la casa, cocinar, llevar a los niños al doctor, terminar algún pendiente de la oficina y si le queda tiempo, poder echarse a ver la televisión junto a sus hijos, porque dudamos que le quede a usted fuerza, para poder jugar con ellos, como hubiera deseado.

Por favor, intentemos cambiar la mentalidad y velar por los derechos de la infancia, que finalmente se traducirán en beneficios para la sociedad en general.

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García Sotelo.
Renata Demichelis Avila.
Concordia. Consultoría en Derechos Humanos
@DH_CONCORDIA

 

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