Por Israel Navarro

El 2019 está dando sus últimas patadas. Con los ánimos navideños en puerta, esperaríamos que el circo político se serenara un poco, pero en Estados Unidos no es así, puesto que desde que Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Diputados de aquel país, anunció la intención de llevar a juicio político a Donald Trump en septiembre pasado, la guerra comunicacional no ha parado.

¿Qué ha ocurrido en este tiempo? Bueno, pues la ruta que se esperaba. Después del anuncio formal, el caso fue turnado a las comisiones del Congreso para investigar y escuchar testimonios, entre los cuales estuvo el del Embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Gordon Sonland, quien ante la pregunta expresa afirmó que sí hubo presión de Trump hacia el presidente de Ucrania para que le dieran información sobre el hijo de Joe Biden, a cambio de apoyos económicos para su país. Quid pro quo, una cosa por otra.

Pero más allá de los testimonios de funcionarios, testigos y especialistas jurídicos, el proceso ha entrado en una guerra comunicacional constante que tiene la opinión pública polarizada. De hecho, poco ha cambiando la preferencia en las encuestas sobre si el presidente debería ser enjuiciado o no. Y esto se atribuye a dos fenómenos:

El mediático, en el que fuentes conservadoras como Fox News presentan una visión pro Trump, y las liberales como CNN, que informan con una visión totalmente opuesta. Mientras que los ciudadanos están casados con cada medio de su preferencia y no consumen otras fuentes.

Y por otro lado, los términos de debate de cada bando. Los demócratas hablan del respeto a las leyes e instituciones. Mientras que los republicanos llevan el impeachment al plano electoral.

La formulación de cargos contra el presidente es el punto del no regreso. Más le vale a Nancy Pelosi tener una estrategia de desgaste de Trump bien afinada. Caso contrario, le va a regalar cuatro años más en la presidencia, porque cuando el proceso llegue al Senado, hay altas probabilidades que de que ahí el presidente salga victorioso, a menos que haya suficientes senadores Republicanos que estén dispuestos a hallar culpable a Trump sabiendo que si no lo hacen, a ellos les puede costar su escaño en la próxima elección.

Trump se ha atrincherado apelando a la unidad de su partido y negando todo.  No obstante, los testimonios y argumentos legales presentados en las audiencias apuntan lo contrario. Pero esto no se trata de tener la razón en términos jurídicos, sino en términos de opinión pública. Ahí es donde se inclinará la balanza en esta guerra comunicacional que definirá el liderazgo de Estados Unidos para los próximos años, y sabremos si, como reza el dicho, a cada puerco le llega su Navidad.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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