Por Israel Navarro

Que bonita es la diplomacia en los tiempos de Twitter. Bastan 140 caracteres para cimbrar una relación bilateral y los mercados internacionales.

Así pasó hace unos días cuando Donald Trump, en uno de sus tweets, anunció que impondrá aranceles a México, si éste no frena la migración y el tráfico de drogas hacia su país. Menuda petición.

Y a pesar de que eso sería una violación al actual Tratado de Libre Comercio, y que hay instancias internacionales, el nerviosismo de los inversionistas se hizo presente y le dio un golpe al peso mexicano.

AMLO adoptó una postura conciliadora a través de una carta dirigida a Trump en la que hace una apología de personajes históricos como Juárez, Lincoln, Roosevelt y Tata Lázaro, cosa que no podría importarle menos a Trump. Me canso ganso.

Pero también hay líneas interesantes donde afirma que la confrontación y la Ley del Talión no beneficia a nadie, que los problemas bilaterales no se solucionan con impuestos, que el lema “Estados Unidos primero” es una falacia y que el diálogo es la mejor manera de solucionar diferencias.

El problema es que Trump reviró tuiteando que ya ha habido mucho diálogo y que era momento de la acción; además de que México ha sido, por décadas, un abusador de Estados Unidos. Sí, sí lo dijo. Y AMLO volvió a replicar que lo suyo, lo suyo es no pelear.

El presidente estadounidense necesita un distractor ante el posible proceso de enjuiciamiento que cada vez se calienta más en su país. Mientras su gente hable de los pleitos con México, menos se concentrarán en el famoso impeachment. Si desestabiliza la economía, bueno, pues otros pagarán el costo.

Por otro lado, AMLO tiene estacionado en Washington a Ebrard esperando a que lo reciban los altos funcionarios estadounidenses. Como si estuviera pidiendo cita médica en el Seguro Social. A ver pa’ cuando. Eso también comunica.

López Obrador tiene en sus manos una gran oportunidad para capitalizar esta crisis, porque si hay algo que une a chairos y a fifís es la aversión hacia Trump.

Pero para ello hay que mostrar firmeza.  A un bully no se le dice “amor y paz”. Se le enfrenta.

Uno de los mejores discursos de Peña Nieto, después de un par de desaciertos en el manejo de Trump, fue en el que con mucha determinación le dijo: “Nada ni nadie está por encima de la dignidad de México. Si está frustrado diríjase a su país, no a los mexicanos”.

Dicen que para bailar se necesitan dos, pero cuando se trata de la estabilidad de una nación, aunque uno no quiera, hay que marcar un par de pasos para ganar respeto, que es lo que los mexicanos exigen de una relación de amigos y vecinos.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrae

 

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