Fray Antonio Alfaro, profesor de educación física, maneja todos los días su combi para llegar a los barrios del municipio de Comitán, Chiapas, para apoyar a los niños de escasos recursos que no cuentan con acceso a Internet.

Por Israel Navarro

No era un secreto que antes del COVID-19 la educación en línea estaba avanzando a pasos agigantados. Ya sea por temas de costos, tiempos y conveniencia, muchas instituciones académicas, inclusive las más prestigiosas a nivel mundial, apostaban a las plataformas de formación a distancia.

Pero cualquier avance previo fue insuficiente para el paso forzado que el COVID-19 nos hizo tomar. En cuestión de semanas más de 1,200 millones de estudiantes en el mundo fueron expulsados de las aulas y orillados a seguir las clases a través de una pantalla. Es como haber comenzado las lecciones nado, y en la segunda clase te aventaron al mar abierto y entre tiburones.

Hay quienes han hecho negocio de esta nueva realidad, como Zoom, cuyas acciones pasaron de $68 dólares al inicio del 2020 a más de $400 actualmente; y quienes han tenido que hacer esfuerzos menores, pues están familiarizados con la tecnología, tienen un espacio cómodo, cuentan con medios digitales y tienen una buena conexión a Internet.

¿Pero qué pasa con quienes no están en esa posición? Comenzando con los profesores, muchos de ellos de edad avanzada, para los que la tecnología es un balde de agua helada. O bien, los maestros que han tenido que adaptar a como dé lugar, y en tiempo record, el pensum académico para ser dictado en línea. También los millones de padres de familia que no pueden darle a sus hijos un dispositivo o acceso a Internet.

No. La educación a distancia no es igual para todos. Quienes dicen que estamos en la misma tormenta, pero en diferentes barcos, les digo que no es lo mismo aguantar el oleaje en un yate de lujo que en una balsa de madera.

Y por otro lado, está el fenómeno de la adaptación de la dinámica familiar en torno a las clases en línea. Los mismos padres de familia han tenido que asumir un rol de asistentes educativos. Para algunos funciona, pero ¿qué pasa en los hogares donde los dos padres trabajan fuera de casa y tienen hijos pequeños que aun no pueden conectarse solos? “Estrés” es decir lo menos.

Pero lo más preocupante es que no se trata sólo de la tensión que ha generado este cambio abrupto, sino de la disparidad educativa que habrá en esta generación. Quienes tienen los medios para estudiar en línea en este momento, van a tener una gran ventaja en el futuro, en comparación con quienes están aislados, tecnológicamente hablando; máxime cuando este modelo educativo llegó para quedarse, porque aunque haya vacuna para el COVID, y se presente finalmente el regreso a las aulas, el uso de herramientas y plataformas educativas en línea, será una fórmula permanente.

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter @navarroisrael

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