Por Israel Navarro

Miles de pasajeros quedaron varados en Hong Kong por el cierre de su aeropuerto. ¿El motivo? Una protesta masiva en contra de una iniciativa de ley que permitiría al gobierno de China extraditar y juzgar a ciudadanos hongkoneses.

Hong Kong es una región administrativa especial de la República Popular China, lo cual quiere decir que tienen autonomía política, administrativa y económica, pero ultimadamente se rigen bajo un modelo que no cree en eso del pueblo bueno y ni en la gobernabilidad Montessori.

El peculiar régimen de “un país, dos sistemas”, ha producido además de emigración, álgidas protestas. Una de las más sonadas fue en el 2014, que se denominó el Movimiento de los Paraguas, porque con ellos repelían las bombas de gas lacrimógeno.

En aquel entonces, los hongkoneses se oponían a una preselección de los candidatos a gobernantes locales, limitando las opciones a políticos afines a la China continental. Varios de los dirigentes de esa protesta hoy se encuentran encarcelados.

Ahora en el 2019, están tratando de impedir que el gobierno chino tenga facultades para procesar judicialmente en su territorio a cualquier hongkonés del que tengan sospechas de haber cometido algún delito, o simplemente que sea incómodo al régimen del Partido Comunista. Si vieron Justicia Roja con Richard Gere, sabrán por qué oponerse a eso, es una buena idea.

Más de un millón de personas han salido en repetidas ocasiones a las calles, dando una lección de organización y despliegue territorial, ahora impulsado a través de la aplicación Telegram. Ojo, las redes sociales y la tecnología no hacen movimientos. Los hace la gente. Las revoluciones surgen del contacto humano y el poder de la conversación en torno a una causa.

A diferencia de las protestas del 2014, en el 2019, los hongkoneses han aprendido la lección y riesgos de tener una estructura piramidal, por lo que ahora actúan bajo un esquema de “arañas” en las que distribuyen horizontalmente información e instrucciones, al estilo de células de guerrilla, pero de manera digital.

Hong Kong puede parece un lugar lejano, pero nos da un buen ejemplo de lucha por la conservación de derechos civiles que en otros países tomaríamos por sentados. Y cuando éstos están en riesgo, la defensa no puede ser con tuits y likes, sino tomando las calles. Esa es la diferencia entre ser un revolucionario de Facebook y hacer política de base real con ayuda de la tecnología.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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