Por Israel Navarro

¡Que vergüenza para muchos líderes y empresas mundiales que una adolescente de 16 años les esté presionando a tomar acciones en favor del medio ambiente! Sí, Greta Thunberg, una joven activista sueca, ha desencadenado un movimiento a nivel mundial, y ha dado voz a millones de jóvenes que les preocupa el medio ambiente.

¿Pero, cómo es que una estudiante de secundaria sueca con síndrome de Asperger desencadenó esta bola de nieve? Bueno, todo movimiento viral comienza con una causa: la de Greta se basó en ver el comportamiento infantil de los políticos y la inminente destrucción del planeta. Su capacidad de acción era limitada puesto que, por su edad, ni siquiera podía votar.

Por eso, decidió ponerse en huelga en su escuela todos los viernes. No asistir a clases para comunicar su postura. Así fue como nacieron los “Fridays For Future” o “Juventud por el Clima”, que posteriormente fueron llevados al Parlamento sueco, y ahora se han replicado en decenas de países.

Los grandes movimientos virales no dependen de la publicidad, sino del poder de la conversación de la gente. Las redes sociales no hacen revoluciones. Solamente aceleran el contacto y la transmisión de la información sobre la cual se moviliza una sociedad, siempre en torno a una causa que les es afín.

El discurso de Greta ante Naciones Unidas sintetizó muy bien su creencia, y la de mucha gente, dando un sermón a los líderes mundiales: “No tendría que estar aquí, tendría que estar en el colegio al otro lado del océano. Me han robado mis sueños, mi esperanza con sus palabras vacías. De lo único que hablan es de dinero y nos cuentan historias sobre el crecimiento económico. Si realmente entendieran la situación, no estarían sin hacer nada. Los ojos de las futuras generaciones están sobre ustedes. El cambio viene, les guste o no.”

Simon Sinek, un autor estadounidense, dice que los grandes líderes inspiran a la acción promoviendo causas, no cosas. “La gente no compra lo que haces, sino el por qué lo haces”, refiere. Hitler, Gandhi, Malala Yousafzai, Martin Luther King, o Greta Thunberg, todos tienen algo en común: su movimiento está basado en una causa que sus seguidores asumen como propia, y por ello están dispuestos a defenderla tomando acción.

No es fácil saber el destino de este movimiento ambientalista, pero lo que es claro es que el poder de uno, se convierte en el poder de muchos cuando están inspirados colectivamente, independientemente de las cualidades, virtudes o defectos del líder, porque los movimientos orgánicos no se basan en una persona, sino en el empoderamiento de los demás.

En síntesis, hoy sabemos de Greta porque el movimiento no se trata de ella, sino del futuro de las especies que habitamos el planeta.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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