Por Israel Navarro

El sistema político mexicano tiene algunas reglas no escritas que han sustentado la gobernabilidad del país en la era post revolucionaria. Una de ellas se refiere a la relación del Ejecutivo con las Fuerzas Armadas.

Manuel Ávila Camacho fue el último presidente militar, y desde entonces ha habido un pacto tácito en el que los elementos castrenses se supeditan al poder civil a cambio del respeto absoluto de sus códigos e instituciones.

Por ello, el Presidente en turno es considerado un General de cinco estrellas, y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Pero la 4T ha moldeado esta relación. Hoy sabemos que los militares han sido ofendidos por las formas en las que se les ha ordenado actuar.

Recientemente, el General de División Carlos Gaytán Ochoa pronunció un discurso frente a altos mandos, en el que afirmó: “el Ejecutivo viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad. Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que (…) fuimos formados con valores (…), que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”.

Esta es la primera vez que un militar de alto rango hace un pronunciamiento de este tipo, lo cual refleja que hay un sentimiento generalizado de agravio. Y con justa razón, porque las directivas de la 4T los han puesto muy por debajo de lo que representan.

¿Cómo es posible que un narco, un huachicolero y un vándalo tengan más dignidad que un soldado a los ojos de su Comandante en Jefe? ¿Es apropiado que se les ordene no responder ante agresiones de quienes los violentan a ellos y a la paz pública? ¿Por qué se les responsabiliza de las malas decisiones del poder civil ante un operativo fallido? Y además se expone la identidad de quienes tiene acceso a la inteligencia contra el narco. Todo esto es inaceptable para los militares.

Si bien el discurso del General Gaytán es crítico hacia el modelo de gobierno actual, también reconoce la lealtad de las Fuerzas Armadas hacia el presidente, así como la legitimidad de su mandato. Sin embargo, este debe ser debe ser un foco rojo que no debe ser pasado por alto.

El presidente puede tener frentes abiertos, con la prensa, los empresarios, la sociedad civil, los policías federales, los transportistas, los indígenas, los campesinos, los científicos, y más, pero algo que no puede darse el lujo de perder, es el respeto de quienes resguardan la soberanía y seguridad nacional del país. Esos son los militares.

Al Teniente Coronel Enrique García, le mando mi reconocimiento. Un abrazo donde quiera que estés, abuelo.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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