“Érase una vez un país de desaparecidos”

0
450
Imagen: Elmordyns_weblog

Había una vez un país llamado México. Era mágico. En él pasaba de todo, pero nada a la vez. Era un país próspero y de paz, donde circulaban trailers con cadáveres amontonados. Los miles de muertos desconocidos, incluyendo niños, abonaban el paisaje. Sus alegres habitantes, no perdían ocasión para distraerse y comentar, desde distintos entretenimientos, como la aparición de una plantita de mariguana sobre una avenida principal, o retuitear alguna “inocente broma”, sobre las comunicaciones misóginas de algún distinguido senador quien se ocupaba en saciar su apetito sexual, mientras despachaba con diligencia su labor legislativa. Mientras ellos realizaban su vida bajo la campirana normalidad mexicana, el olor a putrefacción ya formaba parte de la cotidianidad. No tenemos claro cómo puede el cerebro asimilar las noticias diarias de las personas desaparecidas, ultrajadas, secuestradas, torturadas, etc., a la par que se informa sobre los extraordinarios beneficios para la salud, del jugo verde. El olor a injusticia ya lo ha impregnado todo. Sin descomponer nada. Nos hemos acostumbrado a sobrevivir a una guerra no declarada.

En ese lejano país, cada determinada fecha, los crímenes de Estado eran recordados. Los mexicanos y mexicanas, realizaban distintos ritos, para que sus consciencias les permitieran continuar sobreviviendo. Todos hacían como que hacían. Todos aparentaban, como que nos importaba. A todos, supuestamente, nos afectaban las manifestaciones sociales… además de importunarnos en nuestro recorrido vial, claro. Los más azarosos, se lanzaban a las calles y marchaban gritando consignas, según la ocasión lo ameritaba: “Por-que-vi-vos-se-los-lle-va-ron,-vi-vos-los que-re-mos”; “Nos fal-tan-43”; “El-2-de-oc-tu-bre-no-se-ol-vi-da”, “Fue-el-Es-ta-do”, etc. Los había “más prácticos”, aquéllos que se mantenían desde la comodidad de su hogar, subiendo en redes sociales, las fotografías de las distintas marchas y adornaban sus perfiles con marcos conmemorativos, según se tratara del aniversario de la desaparición en turno. Las más vistosas siempre, eran las que conmemoraban alguna injusticia relacionada con la comunidad LGBTTTI, tan coloridas.

Las autoridades de dicho país, también hacían lo propio. Durante las fechas claves, se encontraban sumamente ocupadas en representar su actuación. Paulatinamente los ciudadanos comenzaron a sentirse tan confundidos y engañados, que ya no sabían que era peor: si que las autoridades encargadas de la impartición de justicia hicieran como que hacían, – bueno, como si supieran qué hacer – o de plano, ya mejor, que no hicieran nada. Tan sólo un ejemplo les narraremos. El pasado miércoles 26 de septiembre, en uno de esos aniversarios que aquí les contábamos, salimos a manifestar nuestra solidaridad con los familiares de los estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. La Procuraduría General de la República, en un comunicado ex profeso para la ocasión, señaló que a lo largo de los cuatro años desde que iniciaron las investigaciones por la desaparición, habían declarado mil 447 personas por el caso Iguala. El documento señalaba textualmente que: “En todo momento se ha aplicado toda clase de recursos técnicos y materiales en las actuaciones y diligencias que componen los 620 tomos del expediente de averiguación previa. Lo leído superaba la ficción, queriéndolo o no. ¿A qué tipo de recursos de “toda clase”, se habrá querido referir la Procuraduría? ¿A los instrumentos de tortura utilizados por los servidores públicos, que se ha documentado fueron utilizados? ¿A “los recursos” tales como: toques electrónicos, bolsas de plástico, trapos con agua, fotografías de los familiares de los acusados, entre otros, con los que se ha comprobado que se torturó? Porque de los 119 detenidos que asegura la Procuraduría General de la República que tiene como supuestos “participantes” en los hechos acontecidos en Iguala, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ha denunciado que al menos 34 detenidos, han sido víctimas de tortura. En el mismo sentido, la sentencia de Amparo en Revisión 203/2017 resuelta por el Primer Tribunal Colegiado del Decimonoveno Circuito en Reynosa, Tamaulipas, concluyó que habían existido posibles actos de tortura . La misma presunción de tortura, ha sido sostenida por una tercera fuente, la periodista Anabel Hernández, autora del libro “La Verdadera Noche de Iguala”, quien tras años de investigación ha concluido que muchos de los acusados han comenzado a salir libres por las irregularidades cometidas en el procedimiento de “detención e investigación”, por citar sólo algunas fuentes.

El Estado mexicano ya ha sido condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por cometer tortura en sus investigaciones. Parece que “las verdades históricas”, obedecen a narrativas, sacadas de una realidad que proviene de la precaria impartición de justicia y de nuestra limitada consciencia social, postergada por el “individualismo” que nos caracteriza, lo cual facilita que ante la próxima desaparición, nos narren otro cuento de estos que ya, no hay manera de seguir creyendo.

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda Ma. García Sotelo.
Renata Demichelis Avila.
Concordia. Consultoría en Derechos Humanos @DH_Concordia

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here