Equidistantes migrantes de senos oprimidos y “privilegiadas” pechugonas

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A través de la ventana ubicada frente al escritorio donde escribimos, escuchamos a unas chicas cantar la pegajosa canción de: “Nena, ya no se lleva estar tan flaca, sino más bien, tirando a vaca… Quiero una novia pechugona… que sea maciza que sea rolliza…” Con tan alegre tonada, resultó difícil reflexionar sobre la realidad paralela de la llamada “Caravana Migrante.” Académicos y organizaciones de la sociedad sostienen que se trata de desplazamientos forzados de personas. Lo cierto es que, independientemente de cómo nombremos al fenómeno, estamos hablando de seres humanos. Imposible no ponernos en los zapatos de las mujeres. Imaginar el cansancio de las madres que llevan a sus hijos en hombros durante las agotadoras caminatas. O aquéllas chicas jóvenes que la naturaleza les concede salud para avanzar con fuerza, pero que su cuerpo, las hace inminentemente vulnerables. A ellas que se les recomienda envolver sus senos hasta oprimirlos, disimulando ser vistas como lo que son.

Flujos migratorios, sabemos que siempre han existido. Lo “llamativo” del actual desplazamiento de personas es su elevado número y contexto político electoral, rentabilizado por Donald Trump.

Las mujeres, principalmente centroamericanas que deciden hacer el viaje, saben que se la jugarán “al doble”. Ellas además, se preparan para ser violadas. Así que antes de iniciar la marcha, toman anticonceptivos para protegerse contra el riesgo adicional de quedar embarazadas, sin encontrar defensa que prevenga cualquier enfermedad de transmisión sexual como el VIH, haciéndose a la idea de sobrellevar los efectos psico-emocionales que una agresión sexual conlleva, con altas probabilidades de sufrirla. Se ha documentado que siete de cada diez mujeres migrantes padecen abusos sexuales durante su tránsito hasta Estados Unidos. El anticonceptivo más habitualmente utilizado antes del viaje, Depo-Provera, se le conoce coloquialmente como: “la inyección Anti-México”. Medicamento que dicho sea de paso, acarrea otros riesgos serios para su salud. También se ha identificado el pago a las autoridades mexicanas por “favores sexuales” para pasar o avanzar en el territorio mexicano. Suelen llegar a “acuerdos” con sus compañeros de viaje, haciendo trueques para recibir protección, haciéndose pasar como sus esposas. Así, obligadas a salir de sus lugares de origen, – por las violaciones colectivas a cargo de las maras, las redes de trata, el comercio sexual, los matrimonios forzados, etc.- soportarán toda una cadena de abusos, durante su recorrido, también por ser mujeres.

Mientras este desplazamiento se lleva a cabo, en redes sociales, sorprenden los comentarios xenófobos, racistas y sexistas. Incluso más chocantes resultan ser, cuando provienen de otras mujeres, que creyendo ser “merecedoras de los privilegios de un mundo justo” sentencian a las mujeres que se ven obligadas a desplazarse. Se pueden leer comentarios como: “Ellas se lo buscaron”. “¿Para qué vienen?” “Que se queden en sus países”. “Por pobres no controlaron su prole”, etc. ¿Acaso no comprendemos que la vida es impermanente? La realidad, nos está demostrando que un día resulta electo presidente, un tipo llamado Jair Bolsonaro que ha dicho, entre otras cosas: “Tengo cinco hijos. Cuatro son hombres, la quinta tropecé y vino una mujer”. Que: “las mujeres deben ganar un salario más bajo, porque se embarazan.” Que: “yo a ti no te violo, porque no te lo mereces”, por citar algunas. Probablemente ya no sea tan insólito escuchar comentarios similares de un dirigente nacional, cuando el presidente de la mayor potencia ecónomica, nos lleva acostumbrando, en los últimos años, a considerar que “la belleza y la elegancia, ya sea en una mujer, un edificio o una obra de arte sólo es algo superficial o algo lindo que ver” y “las mujeres son, en esencia, objetos estéticamente agradables”.

¿No tendremos ya bastante con nuestros actuales “líderes” políticos, quienes son los primeros en considerarnos como objetos o corazoncitos? Reconozcamos la equidistancia entre esas mujeres que se han visto obligadas a migrar y nosotras, que desde ámbitos favorecidos, también hemos sido consideradas cuerpos a los cuáles se les ha querido controlar y acosar. Queda mucho que decir y por hacer, sin embargo concluimos, viendo cantar alegremente en la calle, al grupo de chicas que celebran la canción de fondo. Aquélla que nos hace ruido: “Quiero una novia pechugona… Nena, si quieres que te meta mano, haz que te vea un cirujano, esto se soluciona con silicona. Quiero unos pechos suculentos… Sólo así baby tu tendrás mi amor.”

DESCIFRANDO DERECHOS.
Gilda Ma. García Sotelo.
Renata Demichelis Avila.
CONCORDIA. Consultoría en Derechos Humanos @DH_Concordia

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