Por Israel Navarro

¡Ah, Puerto Rico! Rones, playas y capital mundial del reggaeton. Y a este ritmo, con cacerolazos y manifestaciones fue como los puertorriqueños forzaron a su gobernador, Ricardo Rosselló, a renunciar. ¿El motivo? Se filtraron las conversaciones de un chat de Telegram integrado por él y sus operadores de confianza.

El contenido del chat revelaba la forma en la que esta cúpula discutía las decisiones de gobierno, aun cuando no todos los 12 miembros eran funcionarios públicos, sino empresarios y amigos de Ricky, como le apodan al depuesto gober.

Además, operaban ataques a la oposición, bajaban líneas editoriales a los medios, y utilizaban frecuente lenguaje soez, discriminatorio y misógino. Habría más decencia en una cantina de mala muerte que en ese cuarto de guerra virtual.

Sin embargo, las Ricky Leaks fueron solamente la gotita que derramó el vaso. Había otras razones de fondo para darle chispa a Rosselló, como la corrupción rampante, la ineficiencia del gobierno para reestablecer los servicios públicos, los cuales no se han recuperado plenamente desde que los huracanes Irma y María, devastaron la isla, y que 44% de los habitantes viven en situación de pobreza.

El famoso chat fue un “momento María Antonieta”, que reveló las mañas utilizadas por el grupo en el poder para aferrase al mismo, mientras el resto de los mortales vive una realidad complicada. Ante esta situación, se desencadenó una bola de nieve que aglutinó a miles de personas, incluyendo a aristas como Ricky Martin, Residente y Bad Bunny.

Lo que sigue es incierto, pues no hay gobernador sucesor viable. Quien tendría que asumir es el Secretario de Estado, pero renunció por estar involucrado en el escándalo. La Secretaria de Justicia Wanda Vázquez, es la siguiente en la línea de sucesión, pero declinó el honor, ante nuevas críticas que surgieron cuando se anunció esa posibilidad. Lo más sensato es que antes de que se vaya Rosselló el 2 de agosto, nombre a un Secretario de Estado digno y que esa persona se convierta en gobernador interno. Sea quien sea, se sacará la rifa del tigre.

Los boricuas han dado una lección brutal a la política tradicional, la que beneficia a unos pocos, la que se hace en lo oscurito. Demostraron que una comunidad organizada puede más que una pequeña cúpula. Des-pa-ci-to, y suave, suavecito, Puerto Rico ha hecho valer el peso de los ciudadanos, metiendo a sus gobernantes en cintura.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Comunicación Estratégica. Twitter: @navarroisrael

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