Por: Felipe Vergara

Hace tiempo que Estados Unidos no vivía una escalada violentista tan relevante como la hace unos días. Las matanzas a mansalva en Dayton (Ohio) y El Paso (Texas) que dejó al menos 32 muertos y varias decenas de heridos y confirma no sólo lo vulnerable de las propuestas armamentistas de presidente Trump, sino que más grave aún reafirma lo que muchos temíamos, su incitación al odio ya sea por raza o color, está acarreando víctimas.

Que luego salga a atacar los ataques y a aquellos que se auto definen como “supremacía blanca” sólo corrobora el error permanente que en esta área han tenido sus declaraciones. A modo de ejemplo, semanas atrás las embistió contra cuatro congresistas demócratas de diferentes razas y orígenes, y las instó a volver a sus países en vez de “decirle al país más poderoso de la tierra cómo debe gobernarse”.

El mensaje estaba claramente dirigido a las representantes, Alexandria Ocasio-Cortez, neoyorquina de origen puertorriqueño; la afroamericana Ayanna Pressley, nacida en Cincinatti; Rashida Tlaib, oriunda de Detroit y padres palestinos; e Ilhan Omar, que llegó a EE.UU. de Somalia hace 23 años huyendo de la guerra civil en ese país y luego de estar cuatro años como refugiada en Kenia. Todas estas congresistas se han mostrado muy críticas de la política migratoria norteamericana y con ello, incomodando reiteradamente al inquilino de la Casa Blanca.

Pero el tema no sólo pasa por ahí. La crítica reiterada al migrante, las amenazas al cierre de fronteras con México y de ahí a toda Latinoamérica; las descalificaciones permanentes al extranjero y las pugnas constantes que ha tenido Rusia, Corea del Norte y China, han tenido eco en sus seguidores. Hoy el hilo delgado está en Latinoamérica, pero perfectamente esta ira desbordada puede concentrarse después hacia ciudadanos asiáticos o rusos, que por ejemplo ven en ellos una amenaza para su desarrollo tecnológico y de crecimiento económico, entonces deciden ir al barrio chino de New York a hacer “justicia” por sus medios. Lamentablemente la estupidez humana da para mucho.

Si el presidente ataca reiteradamente al que tenga un origen que no sea 100% norteamericano, sea en raza o color; lo lógico es que quienes se ven interpretados por él, asuman esa misma postura. Es el caso de la masacre en El Paso, quién lo perpetró en su supuesto manifiesto hace alarde de la supremacía blanca, donde además habla de una invasión hispana en Texas y por lo mismo, su objetivo letal eran los latinos.

Puede que el presidente estadounidense Donald Trump haya condenado “con una sola voz el racismo, el fanatismo y el supremacismo blanco”, sin embargo, no hay una correlación entre ese discurso y aquel donde radicaliza su postura referente a la migración de latina y que para muchos es la base que ha incidido en estos ataques de odio en ese país.

Otros ya hablan -y razones tienen para argumentarlo- que aquel slogan de la campaña de Trump “Make America great again” se ha transformado más bien en “Make white America great again”.

Lo vivido el fin de semana da para una reflexión profunda, no sólo como latinoamericanos, sino como parte integral de un mundo globalizado que se ve envuelto en fanatismos ideológicos inconducentes y que como aterrador, pero a su vez claramente lo dijo la cantante Rihana “Imagina un mundo donde es más fácil adquirir una AK-47 que una Visa”.

Felipe Vergara PhD
Académico Universidad Andrés Bello de Chile
@felipevergaram

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