El insomnio

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Por Alberto Isaac Mendoza Torres
Psicoanalista

Últimamente he leído que muchos de mis contactos en Facebook han compartido que la falta de sueño les está arruinando la noche y la madrugada. Descartemos lo más cercano por obvio. Acabamos de pasar por un cambio de horario y al cuerpo biológico le puede costar trabajo acostumbrase o adaptarse a esta rutina impuesta por un reloj. Hasta ahí todo bien. ¿Pero qué tal si hay algo más que eso?

Freud que se dedicó a la interpretación de los sueños dedica unas cuantas líneas al insomnio. Lo relaciona como manifestaciones tanto de la histeria como de la neurosis de angustia. Pero sobre todo aparece más en esta última. Freud escribe que hay una serie de síntomas que no pertenecen ni a la neurastenia ni a la histeria, sino a la neurosis de angustia.

En la neurosis de angustia el insomnio se presenta por varias causas. La primera es la excesiva irritabilidad del sujeto. Por cuestiones de genética es hipersensible a los ruidos, y eso es una de las causas que le provocan insomnio. La segunda causa de insomnio que encuentra Freud en sus estudios es el terror nocturno, que no es sino una variante del ataque de angustia.

Un ataque de angustia se presenta sin objeto relacionado. Es decir, uno le puede preguntar a la persona que lo está experimentando que a qué le tiene miedo. Y la persona no sabe a qué es, no hay objeto con el cual representarlo. Sólo se manifiesta de súbito. Y luego puede asociarse ya con hechos concretos, como caer desmayado en ese momento, volverse loco. La sensación de angustia se conecta con algunas funciones corporales. A quien padece ese ataque le puede faltar el aire, se queja de espasmos en el corazón, le da hambre, vértigo, y al final siempre hay una sensación de sentirse mal, de que algo anda mal, de que hay un malestar.

Para Freud el insomnio sería una consecuencia de la neurosis de angustia. Es decir, un síntoma, que, como todos los síntomas, desde el psicoanálisis, no tendrían que erradicarse, sino dignificarse, devolverles la categoría. Y la angustia, con todas las manifestaciones que tiene, al final del día sería angustia de castración.

Pero creo que la filosofía va más allá con relación al insomnio. Emmanuel Lévinas, un filósofo judío del siglo veinte, se ocupa del insomnio. En su libro “De la existencia al existente”, dice en el “insomnio no hay nada que velar, y ninguna razón para permanecer despierto”. Creo que cualquiera que haya padecido insomnio le podría dar la razón a este aforismo con la mano en la cintura. En esta vela compelida, los ojos permanecen abiertos sin que nuestra atención apunte a objeto alguno, y con la disipación de los objetos sobreviene, además, la disipación del sujeto como “personaje” de la acción de velar. Pero va más allá, sostiene que en el insomnio “nos encontramos remitidos a una presencia anónima y opresiva, de la cual no podemos huir, estamos mantenidos en el ser, mantenidos a ser”.

¿Qué quisiera decir esto, digamos en términos más o menos entendibles? Ya hemos abordado que el humano no nace humano, se necesita hacer humano. Y entonces en el insomnio se revela precisamente esa exigencia de llegar a ser humano. Habría, para emplear los términos de Heidegger, una expropiación de la animalidad y una apropiación del Ser. Y para Lévinas una apropiación del Ser-ahí.

Parafraseo de nuevo a Heidegger para tratar de explicar lo que ocurre en el insomnio, el insomne es un animal que se despierta de su aturdimiento y lo aprehende. Es una polilla que mientras se consume en la llama se percata por primera vez de la llama y de ella como polilla. En el insomnio el hombre se suspende de su relación con los objetos y se da cuenta de su propia existencia, y de la necesidad de hacer algo, otro, con esa relación, no con esa existencia.

Así que feliz insomnio. Que lo disfruten.

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