Por Israel Navarro

Dicen que en la política se pueden cometer tantos errores como te lo permitan el costo de las consecuencias. A veces uno sólo es fatal. Y este parece ser el caso de los Demócratas que están a punto de perder la batalla en el caso de enjuiciamiento político que se le sigue a Donald Trump.

Sí, es altamente probable que, en los próximos días, el presidente será absuelto. No porque sea inocente, esa parte no ha quedado clara, sino por la mayoría partidista Republicana que ha cerrado filas con él en el Senado.

El proceso funciona así. La Cámara de Diputados donde los Demócratas son mayoría, la hacen de fiscales. Ahí es donde aprobaron el impeachment, y ahora pasó al Senado quienes funcionan como jurados ante la presencia del juez de la Suprema Corte de Justica.

100 senadores, 100 votos. Se necesitan 67 para deponer a Trump. Pero aquí está el truco: Los Republicanos son mayoría con 53. Los Demócratas solo tienen 45 escaños. Aun sumando a los 2 independientes, quedan lejísimos de conseguir la destitución.

Ergo, ya sabíamos que el juicio de Trump terminaría en su exoneración. Crónica de un fracaso anunciado. Lo importante ahora es determinar qué consecuencias habrá post impeachment y quienes pagan los platos rotos.

Para empezar Trump, se va a radicalizar. Ser el tercer presidente enjuiciado, no le va a detener su ímpetu altanero. Al contrario, ahora sabe que no hay ningún contrapeso que lo pueda tumbar que de aquí a la elección de noviembre. Saldrá a cantar victoria y a decir que todo fue un ataque político por parte de la oposición, y así endurecer el voto de sus seguidores.

Mientras que los Demócratas tendrán que lamerse las heridas y tratar de pasar facturas a través de la boleta en noviembre. “No pudimos tumbar a Trump en el impeachment, hagámoslo en las urnas en noviembre”, debería ser su discurso. Y a nivel local, también hacer campaña contra los senadores que votaron para impedir que hablaran más testigos en el juicio, a pesar de que 70% de la población estaba a favor de ello.

Lo que los estadounidenses están presenciando no es un ejercicio de impartición de justicia ni de balances y contrapesos, sino política partidista pura y dura. Esa que aborrece el ciudadano de a pie. La que lo excluye y no le representa. La que hizo que Trump pudiera vender la idea de que con él era posible “drenar el pantano”, mismo que irónicamente, hoy lo mantiene en la presidencia.

Después de este capítulo, vendrán cosas interesantes en esta novela política que tendrá su desenlace en noviembre próximo. Vamos a ver cuántos errores más vendrán en la contienda y si a los ambos bandos les alcanza a pagar el costo político.

Israel Navarro es estratega político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter @navarroisrael

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