El ganso se está haciendo pato

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Por Israel Navarro

Dicen que no es lo mismo ser borracho que cantinero. Ni candidato que presidente. Esta es una de las realidades que AMLO ha tenido que enfrentar en los primeros 50 días de su mandato, en los que se ha dedicado a medirle el agua a los camotes.

Desde antes de asumir la presidencia, López Obrador era dueño de la agenda pública. Comenzó a gobernar sin haber tomado protesta. Sin embargo, dio un par de tropiezos, como el de la primera amañada consulta popular sobre la cancelación del NAIM, que derivó en un duro golpe a la Bolsa Mexicana de Valores y al peso mexicano. Su popularidad cayó 9 puntos antes de ser presidente.

Esa fue la primera señal que hizo notar la necesidad de mudar de la estrategia de campaña a la de gobierno, que al día de hoy no queda clara. Durante 15 años se dedicó a culpar de los males del país a la ‘mafia del poder’ en el gobierno. Hoy curiosamente, los problemas ya no son causados por el gobierno, sino por la ‘corrupción’, la cual solapa por omisión o deliberadamente. Eso no es gobernar.

Gobernar es hacer prevalecer el orden y el estado de derecho, aun con los costos que eso implique. En el caso de la explosión de Tlahuelilpan, hay más de 90 personas muertas por la negación de esta administración a hacer su trabajo. Por usar la pobreza como una apología del delito. Y por la tibieza de castigar a quienes roban gasolina, especialmente los de huachicoleros de cuello blanco.

No, el pueblo no es bueno ni es sabio. Es ignorante y gandalla; y mientras AMLO no contemple esa premisa en su estrategia de gobierno, no habrá una transformación sustancial a nivel país. Es cierto, no se puede cambiar la idiosincrasia de una sociedad en unos meses, pero sí se le puede dar a México gobernabilidad.

AMLO puede mantener niveles de aprobación a pesar de la turbulencia que pasado en sus primeros 50 días de gobierno, pero el respaldo de su base no es eterno. A la postre tendrá que mostrar determinación para dar resultados y sobre todo para implementar un modelo de gobierno orientado a la justicia verdadera.

Un candidato emociona, atrae y vende expectativas, pero un estadista ejecuta y toma decisiones, so pena de ser visto como tibio. Ese es un pecado mortal en la política. Si el ganso se sigue haciendo pato para afrontar los retos que implica ser presidente, no hay capital político que perdure en el tiempo.

Israel Navarro es estratega político y socio del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica.
Twitter: @navarroisrael

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