Por Lic. Feliciano Medina Ortega.

Este miércoles 25 de noviembre estuvo dedicado a promover la “eliminación de la violencia contra la mujer”, mensaje dirigido a los hombres que suelen incurrir en este tipo de acciones y que no son conscientes de ésta merece absoluto respecto a su integridad y dignidad física, intelectual, laboral y moral.

El respeto que debemos a las mujeres deriva no sólo del hecho mismo de que es nuestro igual humano, sino que además son mujeres nuestras madres, abuelas, hermanas, hijas, tías, sobrinas y vecinas. Es decir, son nuestro par social y físico, salvo por una diferencia corporal mínima y la sexualidad, que en la mayoría de los casos se traduce en relativa pero manifiesta debilidad física “El sexo débil..

Es de esta distinción de la que muchos hombres se valen para lamentablemente violentar a sus esposas, hijas, hermanas, otras parientas y desconocidas, haciendo uso injusto y arbitrario de la fuerza. De acuerdo con algunas evaluaciones estadísticas al menos una de cada tres mujeres ha padecido alguna forma de agresión física.

Esta proporción evidencia que, salvo en los países más civilizados, las mujeres continúan siendo víctimas de violencia de género y que en muchos países orbe hay hombres que se creen “superiores” sólo porque son apenas un poco más fuertes.

Pero la violencia de género contra las mujeres no se limita a la física, es decir, a los golpes, insultos, desprecios y burlas, pues hay otras formas de practicarla en distintos ámbitos de la vida social: el laboral y el político.

En México es frecuente que en muchos centros de trabajo fabril, comercial, burocrático o de servicios las mujeres ganen salarios inferiores a los que perciben sus compañeros, pese a que realizan las mismas actividades y en horarios similares. Esta actitud violenta no sólo la paridad de género sino también las leyes laborales, uno de cuyos principios es: “a trabajo igual, salario igual”.

En el ámbito político las cosas no están mejor pues a la fecha, con excepción de lo que ocurre en algunas instituciones del Estado, la proporción de la equidad de género no  alcanza siquiera el 30 por ciento pese a la legislación constitucional vigente y hoy, para dar un ejemplo de nuestro estatus actual, el Instituto Nacional Electoral (INE) está exigiendo a los diez partidos políticos con registro que en las elecciones federales y locales de 2021 deberán postular mujeres en al menos el 50 por ciento de sus candidaturas a diputadas federales y locales, alcaldesas y gobernadoras, regla que varios de ellos se resisten a cumplir porque alegan que no tienen el número suficiente de aspirantes para cubrir esa cuota.

Todo lo anterior es una muestra de que la lucha contra la violencia de género no es una “perita en dulce” y que en los próximos años su práctica por comisión u omisión no será fácil de erradicar en México.

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