Quien sería la próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez, fue clara: el camino para la pacificación debe ser otro. Hay que pensar otro paradigma frente a la complicada situación que hoy vive el país en términos de drogas, violencia y delincuencia organizada.

Así fue que lo escribió para un medo oficial: “El debate entre justicia, salud y comercio de drogas nunca ha sido encabezado por el Estado mexicano, solo se ha criminalizado y combatido con el endurecimiento de sanciones trayendo luto a miles de familias, tanto de las fuerzas federales como de los que han equivocado el camino de delinquir”.

Lo cierto es que de nada aporta a la paz el legislar sobre bases de más punición penal y con confrontación permanente. La violencia no se combate con violencia. La estrategia contra los carteles debe tener una óptica de medidas de prevención, de lavado de dinero y de inteligencia contra el uso de recursos se procedencia ilícita.

Olga Sánchez ha hecho mención de que cree que hay que legalizar y regular la producción, distribución y consumo de la mariguana, y hay que insistir en la regulación y producción de opioides. Existen varios países que cuentan con autorización para producir amapola y exportar derivados del opio.

Se piensa que ideas como la amnistía y la justicia transicional seria por ejemplo, para campesinos que se han dedicado a sembrar amapola o mariguana. La solución sería la regulación de esos mercados.

El cambio de paradigmas es un camino largo, no solo porque por si misma representa un cambio institucional importante, sino porque la narrativa es muy poderosa y no ha sido pronunciada hacia ese camino.

“La resistencia al cambio de paradigma no es un enemigo fácil de vencer”, escribió Olga Sánchez. Sin embargo, quizá con argumentos bien fundamentados, ligadas a experiencias internacionales y el apoyo de agencias mundiales que vienen respaldando este tema podrían cambiar ciertas posturas conservadoras.

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