Editorial Diario Tiempo

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El gran rival a vencer en Ciudad de México es la corrupción que representa el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el populismo de Andrés Manuel López Obrador.
Hace falta que el PRI mire en retrospectiva y se dé cuenta de que su paso por el estado de México solo ha significado un retroceso en aspectos como la economía y la seguridad.

El peso se ha devaluado en un 60% frente al dólar, la deuda pública se ha disparado y los homicidios han incrementado de forma alarmante en un 22% en el último año.
La irresponsabilidad que el PRI ha demostrado Ciudad de México preocupa a los ciudadanos, principalmente en temas tan sensibles para ellos como lo son las finanzas y la seguridad de sus familias quienes día con día al salen de sus casas sin la certeza de regresar con bien a sus hogares.

Sin embargo, entre los ciudadanos se respira un clima diferente, un clima de indignación y de urgencia de un cambio. Los mexicanos si tienen memoria y ya no quieren más, no quieren más secuestros, ni robos, ni feminicidios, ni actos de corrupción, ni crecimiento de la pobreza.

De este hartazgo es consciente el PRI y Morena quienes no han dudado en hacer uso de mecanismos poco éticos para desviar la atención de estos temas verdaderamente necesarios de atender.

El PRI siempre ha carecido de propuestas, y por el contrario, toman las decisiones que mejor le convengan a las cúpulas partidistas sin responder a las necesidades y expectativas de la ciudadanía, y Morena se ha aprovechado del desencanto de los ciudadanos proclamando un discurso de estridente populismo mesiánico poco viable para un desarrollo certero y con rumbo en el país.

Las críticas infundadas hacia Josefina Vázquez Mota prevalecen pero estas carecen de seriedad cuando se ha comprobado por la vía legal su falsedad.
Se deduce que estas dos fuerzas políticas manifiestan su frustración por su posible derrota en las próximas elecciones y que los ataques son solo un reflejo del temor por el repunte del PAN en varios estados en 2015.

La actitud de ambos partidos no abona al fortalecimiento de la democracia sino que incentiva al clima de confrontación y polarización de la política que tanto daño ha hecho al país.
Los señalamientos sin fundamentos seguirán siendo una constante, por lo que no debe de extrañarnos la continuación de calumnias que deben entenderse como patadas de ahogado, actos desesperados por su mal desempeño e incapacidad para servir a la gente.

Si alguien tiene mucho que explicar sobre su patrimonio, definitivamente tendría que ser el PRI por siempre buscar su enriquecimiento de los ciudadanos y por supuesto el dirigente de Morena López Obrador quien ha sido señalado en constantes ocasiones por recibir financiamiento de dudosa procedencia. La doble moral y la incongruencia salen a relucir cuando ya no hay nada más que perder.

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