Descifrando Derechos . (No) estamos en guerra, pero matan periodistas

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(No) estamos en guerra, pero matan periodistas

 

Se dice que la primera víctima en una guerra es la verdad. Trátese de un conflicto armado, reconocido por el Derecho Internacional Humanitario, o de una situación equiparable a un conflicto armado interno, reconocido o no por las autoridades, como lo es el caso de México. En cualquiera de estas situaciones, la libertad de opinión y de expresión, así como el derecho a la verdad, se encuentran en riesgo letal. El valor de las y los profesionales de los medios de comunicación, ya sean periodistas o corresponsales de guerra, se encuentra en la mira directa de quienes pretenden silenciar su testimonio y ocultar los hechos. Pero ellos y ellas van contracorriente y contra el instinto innato de mantenerse con vida. En lugar de salir huyendo, eligen testificar la barbarie. Documentarla, fotografiarla. Ante las violaciones a derechos humanos se vuelve imprescindible la función social de la prensa y los medios de comunicación independientes y de calidad.

No existe representación más contundente del valor de los profesionales de la comunicación que el que acabamos de presenciar esta semana, a través de las impresionantes imágenes que se hicieron virales del reportero gráfico en Siria, Abd Alkader Habak. El pasado domingo 16 de abril, tras un ataque en una “pactada evacuación” de 30,000 civiles, a quienes se buscaba “poner a salvo de las zonas asediadas”, se ve cómo tras la explosión de un coche bomba, Habak sale corriendo con un niño en brazos y en otra imagen se le ve llorando, de rodillas, junto al cadáver de otro niño. A partir de entonces, las redes sociales se han hecho eco de los reconocimientos y la heroica actuación de Habak y sus compañeros.

Nos sumamos y emocionamos ante lo que hizo Habak, pero de inmediato nos preguntamos ¿y lo que hacen los nuestros? Los de aquí. Reporteros y reporteras que se juegan igualmente la vida informándonos y buscando transparentar la verdad. A quienes matan de igual forma por hacer su trabajo, pero por no estar en una “zona de conflicto” no son reconocidos por su valentía, heroísmo y mucho menos son sujetos de protección especial. Quizás sea verdad que sobre ellos no se vean imágenes tan dramáticas como las que tomaron a Abd Alkader, y que han probado tener un fuerte impacto, pero se la juegan igual y los actos de violencia contra ellos conllevan el mismo triple efecto: la vulneración del derecho de las víctimas a la libre expresión; la violación del derecho de las personas y las sociedades a buscar y recibir información; y la generación de un efecto amedrentador y de silenciamiento a sus pares.

En 2016, asesinaron a 11 profesionales de medios en México. Este hecho lo colocó como el tercer país más peligroso para ejercer el periodismo. En todo el mundo, el 75% de las y los periodistas que murieron fueron asesinados por ejercer su profesión, mientras que el otro 25% murió en un fuego cruzado. En México, todos fueron asesinados. Todos impunes. En lo que va del año, le han arrebatado la vida a 4 periodistas. ¿Por qué? Por valientes; por héroes; porque en un país tan violento y mortífero -que no está en guerra, ¿o sí?- se atreven a informar, a buscar la verdad, a denunciar actos de corrupción, vínculos entre el gobierno y el crimen organizado, robo de tierras; en fin, mueren por investigar e informar. A pesar de la ola de violencia y el incremento de asesinatos, el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas no recibió “ni un solo peso” del presupuesto para este año.

Además de condenar los delitos contra periodistas en México, deseamos levantar la voz, por su enorme valor, y reconocer su trabajo, así como la urgencia de contar con mecanismos eficaces que garanticen el ejercicio de su profesión. En nuestra primer columna escribimos sobre la importancia de informarnos sobre lo que pasa en nuestro país y en el mundo. Ante esta circunstancia, ¿qué podemos hacer? Exigir, denunciar, manifestarnos, no desacreditar la labor de estas personas, apoyar al periodismo independiente. Proteger y exigir el derecho a la libertad de expresión y opinión a nivel local, tiene un impacto a nivel internacional; y así es como podemos contribuir aquí y allá.

 

Gilda Ma. García Sotelo.

Renata Demichelis Ávila.

Concordia, Consultoría en Derechos Humanos.

http://www.concordiadh.com

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