Por Israel Navarro

En tiempos de la antigua Roma había días de buen augurio llamados Idus. Siendo marzo, el primer mes del calendario romano, los Idus de marzo coincidían con el año nuevo, motivo por el cual el senado llamaba a un vidente para hacer predicciones. En el año 44 a.C., el vidente advirtió a Julio César de un mal presagio, pero éste confiado en lo que representaba ese día, lo ignoró y fue asesinado, lo que dio paso a la transición de la República al Imperio.

Estamos en el 2020, y de igual forma los Idus de marzo nos han alcanzado con eventos que han cambiado el orden mundial. La pandemia del Coronavirus y la caída del precio del petróleo, han desatado el peor desplome de las bolsas de valores desde 1987, la contracción de los mercados, el cierre de fronteras y cancelación de tráfico aéreo entre países, la suspensión de clases y eventos; y el pánico generalizado nos han puesto en un aislamiento, que más que clínico, es una cuarentena social.

Sin embargo, receso productivo también representa oportunidades para actuar de manera socialmente responsable y demostrar qué tan solidaria es una sociedad ante la crisis. Por ejemplo, no acaparando el gel antibacterial o haciendo compras innecesarias de papel de baño, como si pudieras contener al virus a punta de rollazos. Conciencia social hacia los demás, le dicen.

O bien, teniendo en cuenta que si las clases se han cancelado, esto no significa un periodo más largo de vacaciones, sino una medida preventiva para evitar que los grupos más vulnerables como niños y adultos mayores tengan menos posibilidades de contraer el COVID-19. Solidaridad con ellos, pues.

Según los especialistas, el Coronavirus tiene un periodo de incubación más largo que el de la influenza. Unos 14 días aproximadamente, por lo que aunque no tengas síntomas hoy, en un par de semanas podrías caer enfermo y en el mientras tanto ya estuviste esparciendo la enfermedad. Alguien debería decirle eso al presidente López Obrador que últimamente se ha mostrado muy besucón y abrazador con la gente.

La diferencia entre China e Italia es que el aislamiento social fue una pieza clave en el control de la pandemia. Por eso, aunque no nos guste, la cuarentena debe enseñarnos a ser socialmente responsables y a aprovechar el tiempo de asilamiento para cosas constructivas, organizacionales y de fortalecimiento familiar.

Desde el núcleo del hogar también se pueden hacer grandes cambios globales, como ocurrió en la Roma antigua. Bien decía, William Shakespeare: “Cuídate de los Idus de Marzo”, pero en este caso, aprovéchalos también para construir un nuevo imperio.

Israel Navarro es Estratega Político del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica. Twitter @navarroisrael

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