Cambiando el chip, cambiamos todo

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Para Fer y Sofi

Podemos ser hombres sin ser violentos. Mandar al carajo los estereotipos machistas. Esas son las primeras expresiones que leí cuando entré a la página de facebook de “Machos en Rehabilitación”. En esta lucha constante –incluso desesperante- para lograr una sociedad más justa y equitativa para mí, pero sobre todo para mis hijas, me he topado con diferentes experiencias que me han permitido, al mismo tiempo, tener la oportunidad de conocer personas que reconozco como auténticas guerreras.

Aquellas que soportaran humillaciones de índole sexual en la escuela, o las que se enfrentaron a su propia familia para salir adelante en su proyecto de vida, o las que se han defendido con todo lo que tiene a su alcance para no ser asesinadas en la comunidad a la que, con todo derecho, quieren representar. Todas ellas tienen un común denominador, son víctimas de la violencia por el hecho de haber nacido como mujeres.

La violencia contra las mujeres a nivel mundial y en particular en México, ha crecido de manera exponencial. Los insultos, los golpes, los feminicidios, por razón de género siguen sucediendo todos los días y a todas horas. Lo más preocupante es que las denuncias que se presentan son mucho menos a la cantidad de agresiones que se cometen.

De acuerdo al comunicado oficial de la ONU,[1] 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual a lo largo de su vida y al menos 6 de cada 10 mujeres mexicanas ha enfrentado un incidente de violencia, alguna vez en su vida, y el dato más extremo es que 9 mujeres son asesinadas al día. Estas cifras son indignantes para cualquier sociedad que se diga ser civilizada.

Aunque si de indignación hablamos, no sabemos a dónde voltear. Han aumentado las agresiones hacia las mujeres, pero no se observa que se ataque ese fenómeno de manera eficiente. Cuántos feminicidios existen sin castigo al asesino, o el caso de Los Porkys que tanto indignó a nuestra sociedad mexicana. O si volteamos al resto del mundo, recordaremos el caso de Navarra, España, conocido como “La Manada” en la que la Audiencia Provincial de Navarra, concluyó como no acreditado el delito de “violación”, y lo tipificó como “abuso sexual”.

Incluso, sentencias que avalaban la concepción histórica del “cónyuge-dueño”: el marido tiene “derecho” sobre el cuerpo de su esposa y, en consecuencia, puede imponerle una relación sexual sin que esto constituya una violación.[2] Afortunadamente, estos criterios se han modificado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La propia Corte, ha impulsado la obligación de las y los operadores de justicia de juzgar con perspectiva de género, y que puede resumirse en su deber de impartir justicia sobre la base del reconocimiento de la particular situación de desventaja en la cual históricamente se han encontrado las mujeres como consecuencia de la construcción que socioculturalmente se ha desarrollado en torno a la posición y al rol que debieran asumir como consecuencia de su sexo.[3]

Pese a ello, sigue existiendo un serio problema, muchas de las autoridades encargadas de proteger a la mujer en casos de violencia, son incapaces de identificar el estado de vulnerabilidad o trato diferenciado para poder resolver un asunto con perspectiva de género. Incluso, son los primeros en fomentar la revictimización.  Desde mi punto de vista, no basta con la capacitación en el tema, se requiere de sensibilización. Es necesario escuchar a las víctimas, de vivir con ellas su dolor.

Esta falta de capacitación y de sensibilización, ha provocado muchas veces el desaliento de las mujeres a denunciar, pues evidentemente no encuentran una solución a su problema (ni eficiente ni eficaz), lo cual se convierte en un efecto bumerang para la sociedad, pues fortalece al criminal y hunde más en el miedo a la víctima.

La solución al problema no es nada fácil. Debemos erradicar al machismo y los estereotipos de nuestra cultura social. Alentar a las mujeres a denunciar los incidentes de violencia de género, a no quedarse calladas. Capacitar y sensibilizar a las autoridades para que sepan distinguir de inmediato la existencia de discriminación por el hecho de ser mujer. Eliminar las barreras burocráticas entre las instituciones a fin de que exista una debida coordinación entre ellas y atender de manera adecuada a las víctimas.

Esto es un problema de todas y de todos. En lo particular, me resisto a pensar que mis hijas, y cualquier niña, crezcan en una sociedad en la que ellas ganen menos sueldo que los hombres por el hecho de ser mujeres. Que no puedan caminar libres por las calles por el temor a ser violentadas, ultrajadas. No, ellas ya no deben creer que las mujeres son frágiles, sumisas, indefensas.

Ellas deben vivir en un país en el que se respeten los derechos de las mujeres, con la seguridad de que, al denunciar una falta, ésta será sancionada de manera efectiva. Ellas deben mirarse en Malala Yousafzai, Simone de Beauvoir, Valentina Tereshkova, Leona Vicario o Sor Juana Inés de la Cruz. Ellas deben mirarse en su propia esencia y atreverse a ser gigantes en su tiempo.

[1] http://www.onu.org.mx/la-violencia-contra-las-mujeres-no-es-normal-ni-tolerable/

[2] Véase el Protocolo para juzgar con perspectiva de género, emitido por la Suprema Corete de Justicia de la Nación.

[3] JUZGAR CON PERSPECTIVA DE GÉNERO. CONCEPTO, APLICABILIDAD Y METODOLOGÍA PARA CUMPLIR DICHA OBLIGACIÓN. Primera Sala, Tesis Aislada, Gaceta del Semanario Judicial de la Federación, Libro 40, Marzo de 2017, Tomo I, Tesis 1a. XXVII/2017 (10a). Pg. 443.

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