El Museo Nacional de San Carlos pasa de museo a terminal

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Diariamente una fila de autobuses oculta el Museo Nacional de San Carlos a la mirada de los visitantes y, a pesar de las súplicas para que sean retirados, la delegación Cuauhtémoc afirma que la responsabilidad de evacuarlos es del gobierno central de la Ciudad de México que a su vez argumenta que ya no tiene lugar en sus corralones para seguir retirando vehículos de la vía pública.

“La facultad y la responsabilidad le corresponde a la Secretaría de Seguridad Pública a través de la Subsecretaría de Tránsito, pero nosotros no podemos quedarnos cruzados de brazos, nos vamos a mover ante la propia Secretaría para tratar de que muevan esto a la brevedad; ellos dicen que tienen los corralones llenos, yo les he pedido que retiremos camiones y carros y así me han contestado”, afirma el titular de Seguridad Pública de la demarcación, Rafael Luna Alviso.

El funcionario dice que las autoridades delegacionales han detectado que se trata de camiones que tienen diferentes usos, de “gente que hace vida ahí en la zona”, y asume que se harán esfuerzos para “resolver el problema”; sin embargo, en el museo —dependiente del INBA— han visto desde hace “por lo menos tres años” cómo se recrudece el problema.

“Se estacionan desde las ocho de la mañana y están hasta las seis de la tarde; hemos tomado fotos, hemos tratado de hablar con ellos, hemos tenido reuniones con la comunidad y con autoridades del espacio público, de los museos para que traten de entender que es un espacio que ofrece un derecho a la cultura para todo ciudadano; es imposible quitarlos”, afirma la directora del Museo de San Carlos, Carmen Gaitán.

Desde temprano, la fila de autobuses es visible sobre la avenida Puente de Alvarado desde el cruce de esa vialidad con las calles de Rosales y Ponciano Arriaga, a menos de medio km de la sede delegacional Cuauhtémoc. La fila de camiones ocupa la acera que va hacia el centro de la ciudad y ahí se mantiene todo el día. Gaitán dice que, mientras se quedan en el lugar, los camioneros encienden los motores y constantemente arrojan humo, encienden sus radios a todo volumen e, incluso, lavan sus unidades sobre la banqueta.

“La visibilidad del museo se ve trastornada con la presencia de estos autobuses, que impiden que se pueda estacionar cualquier vehículo que trae una persona de la tercera edad, minusválida o estudiantes; no pueden bajarse frente al museo porque les impiden el paso. Si la gente quiere enterarse de que aquí hay un museo, no es posible, porque visualmente está tapado casi diario”.

Gaitán agrega que han intentado dialogar con los choferes, “pero no tienen el criterio para tomar la iniciativa e irse; si vienen y se estacionan aquí es porque sienten que lo pueden hacer y no hay ninguna autoridad que se los impida”; también, dice, han solicitado a las autoridades de la ciudad que actúen, pero no han cumplido con retirarlos.

 

Fuente: Excélsior

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