Por Alberto Isaac Mendoza Torres

Vayamos despacio. Proponer una reducción del 50% al financiamiento público resulta una medida que, de entrada, es plausible. Sin embargo, tiene aristas que es importante detenerse a pensar, antes de aplaudir como focas, una decisión de la cual, en un futuro no muy lejano nos pudiéramos lamentar.

Antes de pensar en pasar la tijera al presupuesto público que año con año se otorga a los institutos políticos, vayamos pensando en poner las cosas claras. El próximo presidente tan afecto por optar por las consultas públicas para que se traten temas trascendentes, bien podría sugerir a sus equiperos, legisladores y hasta la líder de su partido que caminen por otras rutas, para saber si esta sería una buena medida, es decir que beneficie a todos.

Quizá el primer paso para darle cuerpo a esta iniciativa pueda ser el que los partidos políticos opten por una real transparencia del uso de los recursos que reciben. Es decir, los mexicanos merecemos saber en qué gastan, hasta el último centavo. Y que los documentos sean públicos, no que se tenga que recorrer el todavía sinuoso camino de la rendición de cuentas públicas a la mexicana.

A partir del 2015 la Ley de Transparencia incluye a los partidos políticos como sujetos obligados a contestar a través del Portal Nacional de Transparencia (PNT) en qué se gastan el dinero, pero obtener esa información es más difícil que conseguir una audiencia papal. Ningún partido político, ojo, ningún partido, tiene versiones públicas, ni físicas ni digitales, de los documentos que acrediten el uso y destino del dinero que reciben.

Si una persona solicita la información sobre en qué han gastado los partidos políticos el dinero público que reciben, no encontrará información detallada, y de insistir en que se quiere tenerla, deberá pagar. ¡Sí, pagar! Por ejemplo, a principios de este año tener acceso a la información de gastos del PRI costaba 14 mil pesos, a la del Partido Verde casi 342 mil pesos, y a la de Morena 2.9 millones de pesos. En una ocasión un ciudadano preguntó cuánto dinero le daba Morena a su entonces líder, Andrés Manuel López Obrador. El partido respondió que 50 mil pesos. El interesado volvió a preguntar, porque quería conocer a detalle, cuánto dinero recibía, es decir si tenía para gastos de gasolina, para gastos de comida, cómo se componía su sueldo, en fin, todo claro. Morena dijo que ya le habían respondido y no entregó más información.

Al igual que como pasa con los salarios de funcionarios públicos, del presidente para abajo, no se trata de decir que simplemente se va a pagar menos, sino de hacer una justificación de lo que se recibe. Ya sea menos o más de lo que actualmente se paga. Que sean salarios reales, es decir que se correspondan con condiciones económicas, con exigencias laborales, en fin, que los expertos en finanzas y economía nos expliquen porqué deben ganar eso y no más o no menos.

Así con los partidos políticos, antes de anunciar recortes, que son impactos mediáticos para ganar reflectores, se debe exigir a los partidos que transparenten sus gastos. Los ciudadanos nos merecemos saber en qué se gastan el dinero público (de entrada), para decidir si es vital o no que se les siga financiando de esa manera.

Podríamos pensar que incluso si se justifica y no se entrega el financiamiento a los partidos como debe ser, se piense en un riesgo de seguridad nacional. Que llegue a las franquicias electorales más dinero de dudosa procedencia. O que cada uno de ellos haga Fideicomisos en donde el dinero se duplique o triplique, como ya saben en donde pasó.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here