El presidente de la Radio y la Televisión pública española (RTVE), José Antonio Sánchez, acudía el pasado jueves a Casa América para ofrecer una conferencia sobre el compromiso de la televisión pública con el continente americano. Pero en su lugar, Sánchez realizó un discurso centrado en la “obra de España en América”, especialmente sobre lo que denominó su labor “evangelizadora y civilizadora”, tras la conquista del continente.

Casa América [o Casa de América], se supone, es una entidad pública “que tiene como objetivo estrechar los lazos entre España y el Continente Americano, especialmente con Latinoamérica”.

El máximo responsable de la radio y televisión pública –ex periodista de EFE y del ultraconservador diario ABC– fue invitado por Casa América para dar unas palabras, tras la suscripción de un convenio entre la Corporación RTVE y el patronato de la entidad para el intercambio de conocimientos.

Sánchez está vinculado a las principales corrientes a favor de la monarquía en España. Ahora, por invitación del derechista Partido Popular –que preside España–, está al frente de la radio y la televisión públicas.

En el primer minuto de su discurso, Sánchez ya pedía disculpas de antemano por la “calidad de sus palabras”.

“Mi falta de conocimiento sobre el asunto, el exceso de trabajo que tengo y el poco tiempo que ha transcurrido hace que la calidad de las palabras que voy a pronunciar deje mucho que desear y, por tanto, pido perdón de antemano por las mismas”, afirmó Sánchez dirigiéndose al público de la sala.

A partir de ahí, Sánchez centró la mayor parte de su discurso en lo que llamó la “obra de España en América”, enumerando “las ventajas” que trajo la conquista del continente para sus habitantes, siempre según su punto de vista.

“España nunca fue colonizadora, fue evangelizadora y civilizadora”, repitió el presidente de la corporación de RTVE en varios momentos de su intervención.

En su discurso, Sánchez incluyó numerosas referencias a lo que consideró bondades de la conquista española de América. Entre ellas, las infraestructuras que España construyó en los territorios conquistados durante la ocupación del continente, como “iglesias, escuelas u hospitales”.

En esta enumeración, también destacó “el catecismo y la gramática”.

“Los pueblos bárbaros, cuando han transitado desde la orilla de la esclavitud hasta la rivera de la libertad, lo han hecho tras haber sido civilizados”, dijo.

“Los españoles que fueron a América eran los mismos que tenían unas cortes desde hacía mucho; que tenían sometido al Derecho cualquier poder o arbitrariedad; que vivían en un país lleno de catedrales; unos españoles que ya sabían de la existencia de Dante y de Petrarca; que sabían que Miguel Ángel ya pintaba la Capilla Sixtina”.

El directivo de la entidad pública también subrayó en varias ocasiones la relevancia histórica del acontecimiento: “El descubrimiento de América ha sido el acontecimiento más importante de la Historia de la Humanidad, después del nacimiento de Cristo. Y la obra de España ha sido de tal magnitud que durante siglos los enemigos del imperio han dedicado lo mejor de sí para desprestigiarnos”.

En otro momento de su intervención, Sánchez cita a la historiadora y antropóloga australiana Inga Clendinnen -autora del libro Los aztecas: una interpretación- para comparar la desaparición del Imperio azteca con la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

“Lamentar la desaparición del imperio azteca es más o menos como sentir pesar por la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. La cultura azteca era un totalitarismo sangriento fundado en los sacrificios humanos”, afirmó el presidente de la Corporación RTVE.

Negó el exterminio de la población local a mano de los colonizadores españoles por el avanzado nivel cultural de los españoles.

“¿En qué cabeza cabe que los españoles de entonces iban a dedicarse al exterminio de seres humanos”, se preguntó.

“¿Que se hicieron cosas malas? Qué alguien me diga en qué conquistas no las hubo”.

De acuerdo con el comunicado de RTVE, “Sánchez ha detallado la presencia de RTVE en América por países: En Argentina llegamos al 100 por ciento de la población, en Uruguay al 87 por ciento, en Perú al 63 por ciento, en Venezuela el 64 por ciento, en toda América Central llega casi al 60 por ciento y en México supera el 30 por ciento. En Estados Unidos son casi cuatro millones de hogares los que reciben la señal de RTVE a través de todos los grandes cables operadores de habla hispana, y próximamente a través de los más importantes de habla inglesa. Asimismo, la presencia de RTVE a través de un conjunto de agentes comerciales especializados en los distintos territorios, como Colombia, Puerto Rico, los Países Andinos, Centroamérica, México, EE.UU., Brasil y el Cono Sur, hacen que nuestra acción comercial, y la difusión de nuestros contenidos, se realice de forma permanente y sistemática”.

 

Fuente: SinEmbargo

1 COMENTARIO

  1. Pues qué zoquete el tal José Antonio Sánchez ese. Según él hay imperios buenos e imperios malos. Como el “buen” imperio español, que durante trescientos años se dedicaron a saquear las riquezas de México, con la fuerza de trabajo de los originarios y esclavos que trajeron a América.
    Cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, se encontraron con civilizaciones muy bien constituidas: el imperio teocrático de los Incas que estaba en su apogeo, la confederación de los aztecas y la cultura maya. Entre los amerindios había astrónomos, ingenieros, médicos, cirujanos, artistas, sacerdotes, escultores, arquitectos y otros profesionales, muchos de los cuales acabaron realizando trabajos forzosos en las minas.

    El escritor Eduardo Galeano considera la mita como una «máquina de triturar indios» pues, aunque las leyes españolas protegían a los indios contra las posibles injusticias que podrían cometerse contra ellos, la realidad era que, en la práctica estas leyes no se cumplían y los indios acababan sometidos a trabajos forzosos en las encomiendas. Las diferencias de estatus en las condiciones jurídicas al declarar a los indios «personas» y no objetos de esclavitud no modificó demasiado su calidad de vida.

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