Los especialistas discutieron sobre la escalada de actos agresivos que se viven en México y su repercusión en la infancia y adolescencia, durante un coloquio sobre la materia celebrado en Puebla.

Por Staff Tiempo Digital

Los nuevos escenarios de violencia a los que nos enfrentamos como sociedad, están haciendo que niños y adolescentes sean los más, aunque no los únicos, perjudicados y casi obligados a repetir esta espiral violenta que parece no tocar fondo, por más cruel que pueda parecernos. Tal es la conclusión a la que se llegó en el Coloquio “Violencia y cuerpo, infancia y adolescencia”, organizado por la Asociación de Psicoanalistas Lapsus de Toledo Capítulo Puebla.

Durante dos días, psicoanalistas de México y Europa dialogaron en el Tecnológico de Monterrey Campus Puebla, sobre las implicaciones actuales de la violencia, sus manifestaciones, síntomas, signos y repercusiones que están conformando un nuevo orden en lo social, político e incluso económico.

En entrevista el psicoanalista Alberto Isaac Mendoza Torres aseguró que la violencia es la manera en la que hoy todos estamos tramitando las relaciones personales, familiares, sociales, de pareja. Basta, dijo, con detenernos un poco y observar el comportamiento de las personas en los espacios públicos, en la calle todos quieren pasar primero y cuando no se consigue, surgen estos personajes de las redes sociales bautizados como ladys o lords, que de manera violenta intentan hacer prevalecer su opinión o sus necesidades por encima de los demás.

Estamos acostumbrados a pensar en la violencia, agregó, como un asunto de los demás, los demás nos amenazan, nos violentan, nos agreden, nos faltan al respeto. Y también como un asunto de escalas, en donde hay un extremo que sí es condenable, pero todo el camino para llegar a él, debe ser visto como algo natural. Estos dos factores hacen que no nos demos cuenta de que todos estamos contribuyendo a la hostilidad, la violencia, que nos lleva a extremos como que cualquier persona demande a gritos que maten a una mujer, quizá afectada de sus facultades, que se presume robaba perros y consumía o vendía su carne.

Por eso, puntualizó, es necesario que desde los espacios privados nos detengamos a pensar cuál es la función de la violencia en nuestra vida, para buscar alternativas que nos permitan “simbolizar” aquello que nos está incomodando y evitar que escalemos a niveles de agresividad que cada día sean más difíciles de contener.

Durante el Coloquio “Violencia y cuerpo, infancia y adolescencia” además se presentó el libro “La voluntad como Clepsidra”, del psicoanalista y antropólogo José Eduardo Tappan Merino; así como la función “Monólogos femeninos”, en el cual se representa la visión de lo femenino desde mujeres que aportaron grandes avances a la lucha feminista.

 

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