Escuelas ¿Seguras? ¡Pecho tierra!

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A todas las madres y padres nos gusta pensar -y realmente lo creemos- que nuestros hijos e hijas están seguros cuando los dejamos en la escuela. ¿Qué implica esta seguridad? ¿Quién de nosotros imaginó que además de los simulacros ante los temblores y terremotos que hemos hecho tradicionalmente en México, ahora se hagan también simulacros en las escuelas para sobrevivir a las balaceras? ¿Quién de nosotros hubiera creído que algún día estaríamos discutiendo la conveniencia de tener guardias armados en las escuelas? ¡Ni en la peor de nuestras pesadillas lo hubiéramos soñado!

Los mexicanos y mexicanas llevamos tiempo escuchando que nuestro país vive una “GRAVE CRISIS” de violencia, inseguridad, impunidad, corrupción, ineficiencias operativas en el sistema de justicia y violaciones constantes y sistemáticas a los derechos humanos. Existe un amplio consenso nacional e internacional sobre esta situación.

Frente a esta realidad, el día de ayer, vimos un video que muestra un simulacro para reaccionar a una agresión armada, que se realizó en una escuela primaria en la Paz, Baja California Sur. Este “ejercicio” se encuadra en el Programa de Escuela Segura a cargo de la Secretaría de Educación Pública, y se contextualiza bajo la “ola de violencia” que registra casi 100 personas muertas, en lo que va de octubre, en ese Estado. El video es escalofriante. Durante el entrenamiento se pueden ver a los miembros de la policía federal con distintas pistolas y metralletas, con fuertes sonidos de armas de fuego, y a los niños y niñas atemorizados en el suelo, mientras se escucha alguna niña gritar: ¡nos van a matar!

Nos ponemos en los zapatos de los padres y madres que consideran que este tipo de acciones son necesarias para proteger a nuestros hijos, sin embargo, los invitamos a reflexionar sobre la pertinencia de esta medida. ¿Acaso estamos en guerra? Entonces no era crisis, ni ola de violencia “pasajera” como nos han dicho. ¿Estamos frente una realidad que amerita ese tipo de medidas extremas? De ser el caso, lo primero que habría que hacer sería reconocer que vivimos un conflicto armado y actuar en consecuencia, siguiendo las normas, leyes y protocolos que corresponden.

Como padres y madres de familia estamos afligidos y preocupados por la normalización de la violencia en nuestro país. A nosotras nos preocupa también, que las decisiones que se tomen en favor de la seguridad y combate a la violencia, no estén debidamente fundamentadas y sea difícil encontrar un nexo causal entre los hechos y las soluciones propuestas. En este caso en particular, ¿a qué responde la decisión de someter a niños y niñas a una situación estresante y que normaliza la violencia? ¿A qué riesgos se están enfrentando las escuelas en Baja California Sur, que creen en la necesidad de convertirlas en campos de entrenamiento para nuestras niñas y niños, derivada de la falta de competencia de las autoridades para detener la violencia del país? ¿Es esta medida la adecuada para cumplir con el objetivo del Programa Escuela Segura de prevenir la delincuencia? O más bien es una medida que deja de lado la prevención del orígen estructural del problema, y se enfoca en la reacción de las niñas y los niños, quienes -literal- se tienen que poner “pecho tierra” para que no los maten. Como sociedad ¿consideramos que ésta es una solución?

La solución es mucho muy compleja, implica, en primer lugar, analizar las causas y reconocer la situación en la que nos encontramos y las capacidades de las autoridades para atenderla. Por eso, coincidimos con la declaración del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, quién desde el 2015 señaló durante su visita a México: “ …el gobierno que [logre solucionar sus problemáticas] será -el que reforme radicalmente la policía, haga funcionar la justicia, aplaste el índice de criminalidad y encarcele a los criminales, el que regrese al Ejército a los cuarteles, proteja a las personas marginadas, trabaje duro para reducir la violencia contra las mujeres- ése es el gobierno que la nación necesita y quiere.” Sólo agregaríamos: protegiendo y garantizando especialmente la calidad de vida de los niños y niñas. ¿O acaso, acabaremos perdiendo todos el juicio y sintiéndonos tranquilos como padres y madres de familia en escuelas que realicen simulacros de balaceras y custodiados por agentes armados, para así sentir que nuestros hijos están protegidos?

DESCIFRANDO DERECHOS
Gilda María García Sotelo.
Renata Demichelis Avila.
Concordia. Consultoría en Derechos Humanos
@DH_Concordia

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