Al fiel estilo priísta, Jorge Carlos Ramírez Marín se registró como pre candidato único del PRI para ser alcalde de Mérida, Yucatán. Aunque es originario de este estado, el senador con licencia ha sido conocido en Yucatán por décadas como un especulador de terrenos que echaba mano de contactos con el gobierno federal para concretar negocios.

Tras salir en medio de investigaciones por corrupción de la Sedatu, en tiempos de Rosario Robles, dejó su casas de interés social en un fraccionamiento de clase media en Mérida y se le atribuye ser dueño de una mansión en el exclusivo fraccionamiento Campestre de la Ciudad de México, un rancho en Motul, una residencia de playa en la costa yucateca y un departamento de lujo en Polanco.

Pasado corrupto 

Cabe recordar que durante su gestión como diputado federal, Jorge Carlos Ramírez Marín fue considerado como el poder del PRI en la Cámara de Diputados, ya que se dedicaba a pactar acuerdos con la oposición, negociar prebendas y canonjías para sus correligionarios,  así como tener bajo su dominio todo gasto relevante en San Lázaro.

En su trayectoria política, el yucateco ha presumido ser el operador central de César Camacho, entonces coordinador de la bancada oficial en la Cámara de Diputados, estar respaldado por Manlio Fabio Beltrones, así como haber contado con el aval del entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y en consecuencia del propio presidente en turno: Enrique Peña Nieto.

Algunos politólogos y periodistas han señalado que a pesar de ser un personaje “dotado de carisma y convincente oratoria, posee escasas luces intelectuales”.

En más de 30 años de militancia priista ha perseguido el sueño de ser gobernador de Yucatán, incluso lo intentó en 2012, sin éxito.

Además, tiene detrás suyo una larga historia de corrupción que, según testimonios múltiples, fue lo que provocó en febrero de 2015 su abrupta salida como titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), desde entonces a cargo de Rosario Robles, pero donde extrañamente él conserva una red de intereses a los que se liga con expedientes cada vez más explosivos.

Roberto Rock, columnista de El Universal, en su momento publicó información de fuentes que aseguraron que “seis meses antes de dejar la Sedatu, Ramírez Marín era ya investigado por la Secretaría de Hacienda, a cuyo frente se hallaba Luis Videgaray. El motivo eran evidencias múltiples de que funcionarios de aquella dependencia y despachos de abogados privados conectados con Ramírez Marín se dedicaban —y dedican aun ahora— a la extorsión sobre propietarios de terrenos agrícolas, urbanos o turísticos, especialmente en la península de Yucatán”.

Según esta publicación, “Videgaray había ordenado las indagaciones por indicios de que estas extorsiones se habían practicado en varios casos con el argumento de que se estaban recabando apoyos para una eventual campaña presidencial del titular de Hacienda. La verosimilitud del argumento se basaba en una presunta cercanía con Ramírez Marín desde que ambos coincidieron, en 2009, como diputados federales en la LXI legislatura. Pero los reportes obtenidos revelan que Videgaray solicitó en Los Pinos el cese e incluso el procesamiento penal de Ramírez Marín. Este cayó, sí, pero a una nueva curul”.

La investigación agrega que en aquel 2016 Ramírez Marín se vio involucrado en señalamientos por la construcción irregular de cientos de casas en Guerrero durante su gestión en Sedatu, para albergar a damnificados de huracanes, muchas de las cuales han debido ser derrumbadas por su mal estado.

“Varios de sus socios, amigos y compadres desde aquellas épocas en que eran simples coyotes judiciales se sumaron a la Sedatu en plan de rapiña. Uno de ellos, Cástulo Ramírez, fue designado delegado de la dependencia en Yucatán, pero dejó el puesto en medio de escándalos. Otro, Omar Conde, arribó a la delegación en Guanajuato. A un incondicional más, su ex asistente Luis Borjas, quien nunca había tenido un cargo público de mediana responsabilidad, logró colocarlo como delegado de Sedesol en el propio Yucatán.”

 

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