Chile y Alemania terminan empatados 1-1

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Alemania y Chile, dos selecciones que asumen su participación en la Confederaciones desde extremos opuestos —los alemanes como un banco de pruebas y los sudamericanos como un torneo más con el que engordar el palmarés—, acabaron cosechando un empate que les permite mantener el rumbo y satisfacer los dispares intereses con los que ambos llegaron a Rusia.

En el marco en el que Löw encuadra la competición tiene sentido que el seleccionador alemán tenga más en mente probar esquemas y jugadores que centrarse en planificar qué puede echarle en cara el rival y adaptar sus recursos a esa supuesta fotografía del partido. Por eso, si Chile te demuestra que salir con tres defensas y cuatro centrocampistas no te va ayudar a tener la pelota ni a ganar superioridad y además vas a tener enormes complicaciones para sacar la pelota desde atrás, no te importa demasiado. Solo a partir de ese planteamiento largo placista que hace el técnico de la Campeona del Mundo puede entenderse que no realizase ningún cambio táctico ni individual a pesar de que estuviera continuamente superado por la Campeona de América.

Ni siquiera cuando un error de Mustafi en la salida de balón acabó generando el gol de Alexis Sánchez. Vidal recuperó la pelota y se la filtró al delantero del Arsenal, que con un punterazo con la pierna izquierda superó por bajo a Ter Stegen. El meta del Barcelona ocupó el lugar de Leno, el más deportivo de todos los cambios que llevó a cabo Löw.

En Chile no hubo experimentos, de hecho, el equipo de Pizzi trabaja de una manera tan coordinada que solo se entiende a partir de la repetición continua de una forma de jugar permeable a cualquier modificación personal. El triángulo Vidal-Alexis-Vargas sirvió tanto para atacar como para defender, y la guardia que ejercieron Marcelo Díaz y Pablo Hernández les liberó para poder ampliar su zona de intervención hasta cualquier parte del campo rival. Alemania, con Draxler lejos de la pelota, abandonó el juego por bandas con el que sorprendió a Australia, y con Stindl como referencia más adelantada, trató de ejecutar todas las transiciones por el centro del campo.

El menudo delantero del Mönchengladbach no responde al prototipo habitual de delantero alemán, sino que sin marca fija se mueve buscando conexiones a ras de césped. Y logró sacarle partido a una gran combinación por el costado izquierdo en la que participaron Hector y Emre Can y que culminó con un pase al corazón del área que Stindl remachó de primeras.

Seguramente esa jugada fue lo que apuntó Löw en su libreta. Porque de eso va su torneo.

Fuente: El País

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